¿Cómo se conocieron Gonzalo Vázquez y el baloncesto? Quizás hayas tenido un detonante en tu juventud que te hiciera apegarte, como estás ahora apegado, al deporte de la canasta. ¿Existe, o fue una relación que se fue cimentando con el paso de los años?
Ya he contado en alguna ocasión la experiencia iniciática que tuve una tarde de niño frente al televisor. A partir de ese momento nada de lo que el mundo ofrecía me brindó un mayor interés, una mayor atención, una mayor entrega y un amor más sincero. Ha pasado tanto tiempo desde entonces y tan poco ha variado mi pasión que, honestamente, creo que todo aquello estaba preparado. No sé por qué ni por quién. Pero hay destinos que parecen estar escritos y el mío hace tiempo que me despierta una creciente sospecha.
¿En qué momento decides hacerte periodista, y por qué?
Decido hacerme periodista porque de cuantas posibilidades había el periodismo era lo que más se acercaba a lo que yo era o quería ser. Para mí el periodismo significó entonces y significa ahora la increíble oportunidad de contar cosas a la gente. De hacerme oír. No sabría definirme como persona. Pero tal debiera empezar por la voluntad de expresión que cuantos me han conocido podrían confirmar. Para mí la expresión lo es todo. Por eso hay una parte de mí aquí que se siente algo incómoda.
Tampoco puedo olvidar el momento en que se nos dio una hoja en el colegio para que todos eligiéramos tres carreras por orden de preferencia. Muchos de los que allí estábamos preguntaron cuál era la que más salida tenía. Tuve yo entonces la inmensa fortuna de no preguntarme lo mismo, preguntándome en cambio cómo era posible que aquellos jóvenes fueran a dedicar su existencia a profesiones que no les despertaran ninguna pasión. Me sentí entonces tremendamente afortunado porque para mí fue muy fácil decidir, aun sabiendo que el periodismo ni me haría rico ni me brindaría un camino sencillo. Dos lecciones que siguen hoy día intactas.
A nadie se le escapa la situación actual del periodismo, y aunque sea tema recurrente, es bastante importante. ¿Cuál es tu opinión al respecto en líneas generales? ¿Y del periodismo deportivo?
Ahora es cuando se supone que debo yo arremeter contra el periodismo llenando de razón a todos aquellos que han conseguido que el término ‘periodista’ haya perdido toda nobleza. Y no sólo no lo voy a hacer. Sino que aprovecho para hacer una enconada defensa de todos esos jóvenes periodistas que para poder sobrevivir son sometidos desde el primer día a una brutal traición hacia todo aquello que estudiaron y todos aquellos principios en los que creyeron.
Buena parte de culpa de los males que asolan al periodismo la tiene el gran público, y como consecuencia, la dirección del negocio. Es muy fácil de explicar. Si las noticias más leídas de las grandes ediciones digitales, generalistas y deportivas, son a diario “CR9 cambia de gayumbos”, “Venus Williams enseña el culo”, “Belén Esteban cambia de cara”, “Adriana Lima en la grada” o “Un joven se despelota en Wall Street” el empresario y los cargos intermedios (antiguos periodistas ahora secuaces de los primeros para la reproducción del modelo mientras sus bolsillos crecen) concentrarán todos sus esfuerzos en reducir el periodismo a la anécdota, el morbo y la polémica de tres al cuarto.
Y fíjate lo que te digo: no es tan grave la existencia de ese material vulgar, tan viejo como las putas, como la omisión de todo lo demás, un universo infinito de cosas que corre el riesgo de desaparecer para siempre. Así ocurre que el gran público se ha reeducado hacia la imagen y el morbo, de manera que cuando encuentran un texto extenso, prolijo, a ser posible sin fotos, y con un uso preciso o esforzado del lenguaje, sale huyendo y hasta carga contra el autor de ese delito. En lo que a mí respecta, no te puedes hacer a la idea del honor que me supone no agradar al lector basura.
Así pues, buena parte del gran público que arremete contra el periodismo tiene la mayor culpa de que la oferta sea la que es. Lo siento, y muy de veras, por la minoría que preferiría otra cosa. Por toda esa gente de buen gusto que añora otro tipo de periodismo. Pero sobre todo, me duele por esos jóvenes periodistas a quienes su talento, ilusión y principios les son cortados de raíz al primer día de trabajo. Trabajo que para colmo tienen que agradecer.
Desde aquí, pues, todo mi apoyo y cariño al joven periodista, puteado por el sistema y vilipendiado para colmo por mucha gente. Y todo por cuatro perras de mierda. Y al mismo tiempo, todo mi desprecio para el periodismo traidor, el que hinca el culo en el despacho después de la jamada diaria con ‘amigos’ de jerarquía útil (luego no hay dinero) y decide poner micrófonos a torpes y papel a ineptos por una pasta que el periodista en su vida verá.
¿Cómo fueron tus comienzos como periodista? Oportunidades, obstáculos… ¿Y cuál fue, o es tu icono periodístico, un ejemplo a seguir?
Mis comienzos como periodista no tienen nada de interesante o distinto a lo que ocurre con cualquier chaval o becario. La única diferencia es que algunos tienen la suerte de comenzar sus prácticas en un medio nacional y otros, la inmensa mayoría, tienen que agradecer la oportunidad de firmar unas líneas en un boletín de pueblo. Esta segunda opción no sólo no es deshonrosa. Es más digna y hablará en mejores términos quien haya llegado al medio nacional pasando por todo el calvario inicial que quien lo haya hecho de primeras. Porque el primero se hizo. Y al segundo, aun pudiendo ser buen periodista, lo pusieron ahí, sin saber lo que se sufre ascendiendo la montaña. Recelo de estos últimos porque llegan a creer que están ahí por méritos suyos. De costumbre, la vanidad que desprenden no la encuentras en los suplicantes ojos del chaval que abre la radio local por la mañana y al cierre está todavía en la redacción sin saber todavía lo que es un salario.
Conocí, por qué no decirlo, los sinsabores del paro, o de apaños para salir adelante cuya publicidad sorprendería a más de uno. En alguna ocasión, hasta con resultados sorprendentes. Me ofrecieron una vez ser supervisor jefe de una empresa de seguridad y por un buen dinero. Pero no. Lo siento pero creo estar aquí por algo y no es eso.
Nunca tuve iconos periodísticos. Los tuve literarios, que para lo que yo entiendo por lo primero, es lo mismo. Pero en esto de la canasta tengo que reconocer que me encantaban la espada retórica de Franco Pinotti y los comentarios técnicos de Vicente Salaner. Los dos me representaban un feliz matrimonio de libertad y calidad. Y al mismo tiempo no puedo omitir el lado emocional de la profesión. Y aquí tengo que hacer mención a mi segundo padre, Ramón Trecet, a quien así vi desde niño. Tener ocasión tanto tiempo después de conocerlo personalmente, y mantener una sincera relación con él, no sólo ha sido un regalo del destino sino otra magnífica ocasión de ratificar qué es lo que ocurre cuando la inteligencia trata de expresarse libremente en un país como España. Y aun así, no le va mal. Aprovecho desde aquí para enviarle un abrazo y hacerlo extensible a sus habituales del blog. Ramón no sabe lo valioso que resulta el equilibrio que ha logrado su rincón. Porque Internet nunca se ve libre de los peores internautas.
En muchos de tus artículos se te ve un perfil de historiador, de hombre fiel a los datos históricos que refleja en sus historias. ¿Cómo surge un artículo de Gonzalo Vázquez y qué necesita para llevarlo a cabo?
Pues siento no ser original, pero lo único que necesito es tiempo de trabajo. Con frecuencia más del que sería deseable. Me confieso un tipo de escritura lenta, de inspiración muy frágil y a riesgo de distracciones. Conocí a un periodista italiano tremendamente orgulloso de escribir artículos en doce minutos. No le respondí pero me dije que vaya mierda de artículos tendrían que ser. Y efectivamente no tardé en comprobarlo. Quiero decir que yo no estoy hecho para escribir artículos en doce minutos. Necesito tiempo y mucha dedicación. Y esto no es ninguna novedad. Porque todo el que alguna vez haya elaborado una buena pieza sabrá del sacrificado encierro que un buen trabajo precisa. Lo contrario es comida rápida.
Me gusta la historia porque allí está lo mejor. Y al mismo tiempo me encanta acudir a ella como respuesta a la epidemia de una actualidad mal entendida. La que dura doce minutos. Y yo lo siento. Si lo que trabajo hoy no tiene valor mañana no merece la pena entregar mi esfuerzo. A mí me gusta el periodismo que dentro de cinco, diez o cien años, pueda ser revisitado sin pérdidas. No me gustaría dedicar mi vida a un periodismo efervescente que al cabo de unos minutos pierde vigencia. Me gusta la obra de un autor en el sentido que tiene de legado.
A un compañero de profesión le diría esto: “Cuando escuches qué gran periodista es alguien acude a sus obras. Pregunta por ellas. Y si no las tiene, simplemente, sospecha y pregúntate si tal vez la celebridad no se la habrá concedido la TV”. Igual que rara vez los mejores jugadores forman el mejor equipo rara es la vez que los periodistas más famosos representan al mejor periodismo.
Además de historiador, tienes cierta parte psicológica, y los perfiles que esbozas en varios de tus artículos son dignos de profesional. ¿De dónde sale ese interés en lo que no se ve a simple vista?
Aquí no puedo responder con precisión porque no sé muy bien la respuesta. Digamos que me gusta y sobre todo, que me encuentro muy cómodo en todo aquello que no parece ocupar un primer plano para nadie. Buena parte de los artículos impublicados están destinados a ese universo oculto y nada me agradaría más que ir alumbrándolos poco a poco. En Internet, por supuesto. Porque dudo mucho que el papel publique por qué razón Dominique batía su pie derecho en extrema pronación, por qué las redes de cierta longitud invitan más al triple que las cortas o qué extraña razón conducía a Jordan a sacar la lengua en el momento de materializar su pensamiento inmediato. Sí. El universo oculto, entre el que se encuentra la psicología de los jugadores, me encanta porque me parece un terreno virgen, infinito y apasionante.
Y ahí es donde además encuentra uno a los mejores lectores.
También amas la interpretación más visible y espectacular del baloncesto, el mate. ¿De dónde viene esa atracción?
Me encanta la belleza que encierra el baloncesto en todas sus formas y el mate, un buen mate, mucho ojo, es una de las más hermosas. Los mejores ejercicios habidos nos han brindado algunas de las imágenes más deliciosas que el deporte puede ofrecer. Puede que hoy día uno solo entre cien cumpla ese objetivo, y aun así, merece la pena.
Me encanta además oponerme con ello a cierto presunto purismo que recela del mate como si al hacerlo esos sujetos se elevaran sobre no sé quién. Bien. Celebro no tener complejos y gritar aquí y ahora que tanto me puede gustar un mate como un cierre defensivo de los de libro añejo. No hay más razón para los que pretenden ver las dos cosas como incompatibles que imponer a los demás su estrechez de miras. Nada nuevo en el mundo.
Y quien dice mate dice NBA. Cada vez que, por ejemplo, escucho o leo a esos que vomitan con todo su desprecio que la NBA es un circo me viene irremediablemente a la cabeza los muchos payasos que faltan en este mundo y los muchos amargados que sobran. A esos, la mayoría de los cuales duermen mientras la NBA está despierta, me gustaría echármelos a la cara en una buena charla táctica, a ver lo que duraban.
Me gusta el baloncesto, el de aquí y el de allí, de negros y blancos, y hasta en silla de ruedas. Es una cosa maravillosa que no necesita de gentes que digan lo que es bueno y lo que no, y sobre todo, que digan lo que es baloncesto y lo que no. A esos se les cala rápido. Ven pasos por todas partes y son incapaces de articular dos frases seguidas. Se repiten su mierda como un mantra y ahí se acaba todo.
Aunque estés en la otra parte del mundo, es de imaginar que sigues a tu Bilbao en ACB.
Más que a un Bilbao o a un Santurtzi, sigo la ACB lo que puedo. Primero porque me gusta lo mismo que me gustaba allí y, segundo, porque aquí tengo que estar preparado para ese bendito día que alguien me pregunte por ella, por un equipo o por un jugador. Tengo que decir que la liga ACB gana desde aquí, desde esta enorme distancia, todavía mayor encanto.
Ricky Rubio. ¿Qué piensas de su caso? ¿Has intuido esas palabras en boca de algún periodista NBA con el que compartas sitio en el Madison?
Claro que sí. Precisamente Rubio ha sido el tema más recurrente en lo que te decía. Si el público español se siente digamos en su mayoría identificado a muerte con la joya que parece ser el chaval, créeme que aquí el llamado ‘especialismo’ está loquito por su llegada. Mentiría si dijera que hasta el momento no he encontrado aquí más que respeto por todo lo nuestro, incluido el baloncesto y sus buenos nombres y equipos. Un respeto que a veces echo en falta en el aficionado español.
¿Cómo apareció o se elaboró la oportunidad de dar con tus huesos en Nueva York? ¿Cómo fueron los inicios de ese proyecto que ahora se está forjando?
Simplemente me dije basta. Ahora o nunca. ¿No ha pasado ya suficiente tiempo? ¿Te desean los grandes medios? ¿Pinta que lo harán en el futuro? Lárgate entonces. Todo lo demás fue un rollo administrativo bastante duro que, por fortuna y cojones, conseguí sortear en poco tiempo. Y en esto tengo mucho que agradecer a muy pocas personas que además lo saben. Me ayudaron. Joder, me ayudaron. ¿Hace falta decir más? Que sepan que nunca lo voy a olvidar.
Sabemos mucho de tus aventuras en la Gran Manzana gracias a la serie de artículos que elaboras en tu blog de Eurosport, ¿pero hay algo que por algún motivo no hayas publicado que sí puedas contar en una mera entrevista?
Bueno. Gracias por esta oportunidad. Aprovecho para contestar aquí a todos aquellos que se han visto sorprendidos (o cosas peores) por reconocerme como ignorante del inglés. Bien. No es cierto y debí explicarme muy mal. ¿Media vida manejando fuentes en inglés y va a ser que lo ignoro? No, hombre, mi nivel de inglés es suficiente para moverme por el mundo. Pero es un ejercicio muy sano ponerse cada uno en su sitio. Y el mío es que o soy yo y mi expresión al 90 por ciento o no soy en absoluto. Quiero decir, que llegar aquí y verse en realidad como al 20 o 30 por ciento, más el pudor que me despierta un inglés algo torpe, que lo es como el de todos aquellos que creen saberlo por academias, dan al final en una personalísima frustración que en un momento tan delicado me hizo sentir la necesidad de gritarlo.
Ya me gustaría a mí ver a muchos de los que creen saber inglés en una mesa rodeado de prensa americana a ver qué tal se desenvolvían. Hasta el momento me avergüenza un poco no poder expresarme al completo. Por primera vez en mi vida, prefiero entonces callar.
Mi problema es que no me gusta ocultar nada. Y digo problema porque me ha causado unos cuantos. No termino de casarme con esa represión a la que algún día, cuando pueda comer sin suplicar favores a nadie, pondré fin bien a gusto.
Una rápida y complicada: ¿qué sientes al entrar en el Madison? ¿Y en los vestuarios, rodeado de tanta estrella NBA?
Te voy a contar un secreto. Durante toda mi vida fueron tantas las veces que imaginé estar aquí que en cada partido suelo hacer una cosa muy personal: cierro unos segundos los ojos y me vuelvo a imaginar en mi habitación de chaval. Chasqueo los dedos y los abro. Entonces lo que se me ofrece a la vista es tan maravilloso que la sensación que entonces me embarga y que nunca me gustaría ver desaparecer, es sencillamente indescriptible. Estoy aquí. Y me pellizco para creerlo.
Hace ya un tiempo, más de dos años, que salieron los artículos de tu serie sobre el baloncesto en 2095. Es obvio que no ha pasado suficiente tiempo como para poder intuir si vas a convertirte en un Nostradamus, ¿pero qué piensas al respecto?
Que hoy día hay que tener valor para leer algo así. Y que en el año 2095 el baloncesto será con diferencia el deporte más asombroso de todos. Porque si bien el fútbol no precisa especialmente de una genética escogida, el baloncesto lo hace cada vez más con superhombres, con atletas que tengan todas las cualidades físicas posibles más la estatura. Si hoy Mikan mueve a la compasión el mejor Shaq hará lo mismo con el público de finales de este siglo. Parece mentira que pueda ocurrir algo así y sin embargo es un proceso inevitable.
¿ABA o NBA? ¿Cuál crees que es el futuro de la liga estadounidense?
La ABA y la NBA para mí son la misma cosa. Y pensar en el futuro de la liga estadounidense, como el del baloncesto en cualquier lugar del mundo, me deja bien tranquilo. Si ya tenía la sensación de que este juego es joven y encierra un poder de renacer a cada partido, a cada acción, créeme que aquí esa impresión de frescura, de espectáculo, de sorpresa, crece exponencialmente. Nada podrá derribar este increíble juego.
A comienzos de año parecía que esta iba a ser una de las ediciones más disputadas de los últimos años. ¿Es así? Al menos en el Este parece que no hay un favorito y sí varios contenders.
Bueno, cuando empezó la temporada Celtics y Lakers parecían jugar otra liga. Pasaron las semanas y los Cavs se sumaron a ese peldaño del que parecen haberse apeado los Celtics y al que se suman ahora Nuggets y Hawks. Mi opinión es que Lakers, Celtics, Cavs, Magic, Hawks, Spurs, Mavs y Rockets van a ofrecer otra postemporada de precioso interés. Y sin embargo algo me dice que a los Lakers no los moverá nadie de las Finales. Al final tienen un no sé qué de inteligencia en pista que les hace imponerse con sospechosa facilidad.
Terminando esta parte mayoritaria, ¿nos podrías decir qué está aportando esta aventura estadounidense al Gonzalo Vázquez periodista, al amante de baloncesto y a la persona?
Un miedo terrible a tener que volver.
Para finalizar, un test rápido que bien podría ser otra entrevista por completo.
- Una comida: Soy muy básico para eso: pollo asado.
- Un lugar donde vivir: La margen izquierda de Bilbao en los años ochenta.
- Un lugar que visitar: El Rucker Park en las tardes de julio.
- Un ejemplo a seguir: ¿?
- Un grupo musical: Lemon Jelly.
- Un solista: José Feliciano.
- Una película: Phase IV.
- Una serie de televisión: Historias para no dormir.
- Un jugador NBA: LeBron James.
- Un jugador FIBA: Drazen Petrovic.
- Un partido para siempre: Grecia – Unión Soviética (Final Europeo 1987)
¿Qué es el baloncesto para Gonzalo Vázquez?
En vida, mi vida. Más allá me gustaría que algún día pudieran invertirse los términos de la pregunta sin que la respuesta fuera el silencio.
Jesús Morales



Eres el putísimo amo, man. Si no existieses habría que inventarte.
Me gusta la claridad con la que se expresa, dice lo que piensa y ya está. Muy buena respuesta la de la 3ª pregunta