
“I got no time for the corner boys
Down in the street making all that noise
Or the girls out on the avenue
`cause tonight i wanna be with you”.
Sólo un elegido de la clase y elegancia de Tom Waits puede plasmar un sentimiento de un e
stado entero en unos cuantos versos. Y sólo brillantes cantantes como Springsteen o Bon Jovi pueden versionar una y otra vez, hasta la saciedad, ese himno de la costa este de Estados Unidos, y no maltratarla como suele ocurrir cuando se dan estos casos. Una canción que comienza de esa manera expuesta arriba, y que viene a pregonar los sentimientos llanos y a la vez tan estratosféricos de un hombre por su mujer. Por su mujer de Nueva Jersey.
Es un amor que siempre estuvo en los aficionados de los Nets hacia su equipo de baloncesto. Tras el pasado verano, el último resquicio del último amor verdadero vivido por estos fans de la otra parte del río, o como dirían Waits y Springsteen, “across the river to the jersey side”, era Vince Carter. El portentoso escolta de Florida seguía sin ser amado por todos, pero pocas veces ocurre eso. Era muy amado por el IZOD Center, que veía en él al líder necesario para guiar a la camada de jóvenes enamoradizos. Durante varios tramos de la temporada, Devin Harris demostró que su candidatura era seria, que podía tener de verdad eso llamado liderazgo, tan ambiguo, ligero y confuso término. Incluso lo demostró el novato Brook Lopez, que sorprendió a todos y se erigió como claro robo del Draft. Fuese como fuese, Carter seguía siendo el dueño de la relación. Pero, el día del Draft, miles de corazones se rompieron: Vince Carter decía adiós.
Siempre es duro cuando una relación tan larga y placentera se rompe. Sobre todo porque el placer nunca fue suficiente, porque siempre queda ese gusto amargo de que quedaron cosas por hacer. En una relación, en general son diversas posturas en la cama. En el caso de Carter, el anillo o unas buenas finales. Acompañado de Kidd y Jefferson -que ahora brillará en San Antonio, aunque lejos de ser el hombre franquicia como él añoró tantas veces-, protagonizó muchas noches de gloria que no pasaron a ser históricas por poco. Sin duda, fue el detonante que necesitaban las cargas explosivas colocadas sobre toda la estructura de los New Jersey Nets; ¿qué quedaba ahora? Si con Vince en el equipo las asistencias al complejo de The Meadowlands rondaban las más bajas de toda la competición, ¿qué ocurrirá ahora? Parece un duro adiós. Uno de esos que no pueden ser un hasta luego. Triste pero cierto. Sorprendente también, pues tras rechazar continuamente ofertas de Spurs y Cavaliers a lo largo de la temporada, el traspaso de Carter se antojaba muy poco probable. Aquel verso que rezaba “`cause down the shore everything’s all right”, ya no es cierto. Ya no está todo bien.
Pero, ¿por qué? ¿Qué ha motivado esta ruptura jamás contada entre las letras de Tom? “You know all my dreams come true. When i’m walking down the street with you”. Bruce Ratner lo tiene claro. Todos sus sueños se hacen realidad cuando camina con él. No, no es homosexual. Pero le pierde el dinero.
Ningunear ahora a Bruce Ratner y quitarle todos los méritos que ha obtenido durante su vida y su etapa en la costa este del país sería necio y de ignorante. Si bien nunca he sido de los que piensan que los títulos lo dicen todo -dónde quedarían entonces en baloncesto hombres como English, Stockton o Barkley entre muchos otros-, graduarse con cum laude en la Universidad de Harvard sí está al alcance de tan pocos que debe ser respetado y tenido muy en cuenta. Y, realmente, está haciendo su trabajo, y lo está haciendo bien.
Ratner es el jefe jefazo de la Forest City Enterprises, compañía fundada allá por los años 20 por sus antepasados. Ratner nació en Ohio, Cleveland, donde tiene la compañía su base principal y física. Construyen complejos de viviendas, centros comerciales y todo tipo de cosas que uno se pueda imaginar. Poseen proyectos a lo largo y ancho del país. Una central de ferrocarriles en Chicago -la actual está en lamentable estado, a la salida de la ciudad y llegando, precisamente, desde Ohio-, una residencia universitaria en el MIT de Boston, en una zona industrial actualmente abandonada, un increíble e inmenso centro comercial en San Francisco, o un magnificente complejo de nombre Mesa del Sol, en Albuquerque, Nuevo México, que crearía 23.000 nuevos puestos de trabajo además de dar casa a 37.500 personas. Está claro que no es un enviado de la caridad, ni es dado a ella. Pero es lo que suele ocurrir con este tipo de gente poderosa; al final su poder recae, a cuentagotas eso sí, en otros. Muchas viviendas, muchos trabajos, y muchas sonrisas regala el bueno de Bruce.
Y vaya si los aficionados de los Nets sonrieron en el verano de 2004, cuando la franquicia fue vendida a Ratner por 300 millones de dólares. Los intentos de construir un pabellón en Newark, Nueva Jersey, no habían sido fructíferos, y la compañía YankeeNets decidió vender al mejor postor, tanto por dinero como por proyecto. Bruce Ratner pretendía llevar a los Nets al Barclays Center, que sería una de las piezas centrales de su proyecto Atlantic Yards. ¿Qué es Atlantic Yards? Es simple: el definitivo empuje que necesita Brooklyn para dejar atrás los negativos resquicios del pasado.
Atlantic Yards recibe el nombre de una yarda de raíles situados en la Atlantic Avenue. Mucho cum laude en Harvard, pero para el nombre no se rompió la cabeza. Es un proyecto que concentraría dieciséis edificios de gran envergadura, con fines comerciales y residenciales. Sin duda, un proyecto que sería el apogeo de Brooklyn. La pieza maestra del proyecto sería el anteriormente citado Barclays Center, un pabellón deportivo que estaría a la orden del día en cuanto a tecnología y comodidad se refiere. Y, sin lugar a dudas, recibiría más visitas que el actual IZOD Center, un pabellón fantasma durante bastantes noches de la temporada regular. El banco británico Barclays pagará alrededor de 400 millones de dólares durante veinte años por tener su título en la denominación de la cancha. A día de hoy, los planes definitivos de construcción están terminados. Más les vale; en 2003, cuando el proyecto se presentó, se daba por finalizado el pabellón en el año 2006. Casi.
Este preciso lugar es una mina de oro, y por tanto este no es el primer proyecto ambicioso que se diseña para estos terrenos. Desde los años 50, cuando el dueño de los Dodgers de béisbol intentase llevar su franquicia a esta zona, mil y un proyectos han fracasado por unos motivos u otros. El Barclays Center no ha comenzado a edificarse por, principalmente, la oposición de los verdes. No los del dinero, los otros. Y es que, tras varios estudios realizados por especialistas medioambientales, la contaminación que producirían todos estos edificios podrían resultar ser el pequeño escalón que necesita Nueva York y Nueva Jersey para convertirse en zonas completamente contaminadas. Ratner también ha encontrado oposición de la Organización nacional de la preservación de la América histórica, con base en Washington DC.
Estos contratiempos legales se unen a los económicos. Esta es una pequeña muestra más de que esta crisis, de las que muchos dicen que era fácilmente previsible, no lo era tanto para varios mandamases económicos de Estados Unidos. En 2003, Ratner se mostró convencido de un proyecto que ahora a duras penas puede financiar. Tal es la situación que Bill Thompson, reputado economista de Nueva York, ya ha declarado que “no sabe hasta cuándo este proyecto podrá seguir en pie”.
Y, aun con todo, la segunda equipación de los Nets de este año, con New Jersey en grande y sobre el pecho, ya no estará de cara a la próxima campaña. “Cause”, para Ratner, “nothing matters in this whole wide world” si se tiene dinero.



Mas baloncesto machote, pero si esta bien para informarse de todo todo en general
Salu2.