A ochenta minutos de la gloria

Si, a principios de temporada, se le hubiera preguntado a Pablo Laso sobre la coyuntura idónea para asaltar el título de liga Endesa, a buen seguro habría respondido que le gustaría tener un partido en casa para ser campeón. Después de esa respuesta, la segunda situación más deseada sería tener dos, exactamente los que tiene el Real Madrid para, si los gana, proclamarse campeón de liga y lograr el primer doblete desde 1993, con Sabonis, Romay, Antúnez y Mark Simpson –entre otros- en el equipo. Desde entonces, el club blanco ha sumado cuatro ligas, una Copa del Rey, una Copa ULEB y la Copa Saporta de 1997. En este tiempo los dobletes han estado en manos de su rival ahora, el Barça (2001, 2003 y 2011), y del Baskonia, que lo logró en 2002. Dos partidos en casa, en fin, para alcanzar la gloria y consolidar un ilusionante proyecto que comenzó con dudas, que continuó con el entusiasmo por Rudy e Ibaka, que ya tiene un título pase lo que pase y que cuenta con la única mancha de aquel calamitoso partido en Bilbao en la Euroliga.

La serie final de la liga Endesa se traslada al Palacio de los Deportes, con 1-1 | ACB Photo

Para el Madrid, el paisaje es enormemente sugerente: dos partidos en un Palacio a reventar, con la mochila llena de ilusión y con la conciencia de tener la capacidad para ganar los dos, porque los complejos pertenecen ya a otra época. Sin embargo, lo que tan fácil parece al decirlo, resultará enormemente complicado llevarlo a cabo. El Barça Regal es el actual campeón, uno de los equipos de referencia en Europa los últimos años y, en definitiva, un rival temible, como demostró en el primer partido de la serie al remontar diecisiete puntos. Es probable que la moral esté del lado blanco, pero los azulgrana cuentan con la experiencia después de tantas batallas a sus espaldas como tienen la mayoría de sus jugadores.

Ochenta minutos de juego para ser campeones. Para los dos. Porque conviene recordar que cabe la posibilidad de que el Barça se proclame campeón el miércoles. Es una opción que, ahora mismo, podría sonar remota, pero que no es tal, sino perfectamente verosímil. Se ha comprobado que en esta final nadie va a ganar fácil, que puede ocurrir lo increíble. En el primer partido perdió el que debió ganar y en el segundo ganó el que debió perder. Así es el baloncesto, así es la vida, así es el playoff.

Centrándonos en mañana (22:00, La 1), un nombre saca la cabeza por encima del resto: Sergio Rodríguez. Su 4/5 en triples el viernes y su 18/23 (un escalofriante 78%) en el playoff le han colocado en la primera línea. Mas no deberíamos circunscribir su influencia al apartado tirador –con haber sido fundamental-, sino que, además, el Chacho ha ofrecido una dirección más que sólida en momentos clave; justo cuando Llull más ha flojeado. La serie pasará por sus manos, y lo hará para bien o para mal de su equipo.

Números en mano, se trata de la final más igualada de siempre: 3,5 puntos de diferencia media. Por tanto, se hace difícil pensar en que no haya quinto partido. El Madrid no querría verlo ni en pintura; el Barça Regal, con tener la pretensión de ganar los dos partidos en Madrid, no lo vería con malos ojos. El Palau, y más en un quinto partido contra el eterno rival, es mucho Palau.

Pero ahora no es posible mirar tan lejos. La final sigue y sólo hemos agotado dos capítulos. Sólo dos, pero, ¡cuántas cosas han pasado!

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