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Amaya Valdemoro: la eterna leyenda

Loida Cabeza 14 abril, 2014 Baloncesto Femenino No hay comentarios
La capitana de la Selección Española, Amaya Valdemoro, durante un partido del Eurobasket | FIBA

Amaya Valdemoro es, por excelencia, la gran embajadora del baloncesto femenino. Hasta hoy, nadie puede presumir de haber contribuido al crecimiento del baloncesto español y no únicamente por su exitosa carrera -entre su palmarés puede destacarse haber ganado una Euroliga, ocho Ligas, cuatro Supercopas, tres veces campeona de la WNBA, un oro europeo, etc.-sino, además, por su fuerte carácter,que le ha creado enemistades en el terreno de juego, y su liderazgo en la cancha. En 2013, tras ser proclamada campeona de Europa con la Selección Española después de haber vencido a Francia, decide poner fin a su carrera.

La capitana de la Selección Española, Amaya Valdemoro, durante un partido del Eurobasket | FIBA

La capitana de la Selección Española, Amaya Valdemoro, durante un partido del Eurobasket | Foto: FIBA

Amaya Valdemoro nació el 18 de agosto de 1976 en Madrid. Mide 1,82 metros y se considera una persona alegre, muy nerviosa y cabezota. Algunos de sus apodos son “Torete”, “Pochola”, “Wild Woman” o “Magic Amaya”. Posee un carácter fuerte, y no tiene miedo a decir que se transformaba en los partidos debido a la competitividad que siempre le ha definido.Y es que cuando esta chica se empeña en una cosa, no para hasta que la consigue. Muchos la llaman la “Pau Gasol del baloncesto femenino”, algo que no le molesta aunque es consciente que le faltaría mucho para alcanzar el nivel de la Selección de Baloncesto Masculino. Ha declarado que admira a Gasol, especialmente por el modo en el que ha sabido tratar la fama que ha alcanzado.

Como otros jugadores, Valdemoro tomó la decisión de  dejar sus estudios, hacer las maletas y marcharse de su hogar con la temprana edad de 14 años con el objetivo de triunfar en la liga estadounidense, la WNBA. Antes de esto, había realizado atletismo para tratar de encauzar tanta energía acumulada, pero era su hermana Virginia quien, por aquel entonces, practicaba baloncesto. Fue precisamente en un descanso de uno de sus partidos cuando Amaya sorprendió a su familia mostrando su habilidad con el balón. Ganadora de numerosos títulos y galardones, la relevancia de Amaya trasciende más allá de los minutos que ha jugado: logró que por primera vez el foco de atención se centrase en una jugadora española y, por ello, más tarde otras jugadoras tomarían su experiencia para probar suerte en Estados Unidos. Sus armas son los tiros largos y de media distancia, aparte de tener una  mentalidad ganadora. Todos los que hemos seguido la trayectoria de la de Alcobendas somos conscientes de que sabe mantener la intensidad en el juego, dar la cara en los momentos más difíciles, y sobre todo, no dar nunca un partido por perdido, por mucho que este parezca imposible de ganar.

También se caracteriza por ser muy perfeccionista, lo que le ha llevado a tener muchas manías. Ejemplos de ello es que  llegó a jugar un Campeonato de Europa con los mismos calcetines en todos los encuentros, en los partidos con su selección siempre llevaba una cinta de pelo del color de la equipación y también tuvo una época en la que leía antes de cada partido. Ha admitido su preferencia por aquellas novelas de género policíaco, las que mezclan la ficción con la realidad, las fantásticas y las de humor. En una entrevista realizada por el periódico digital Sevilla Press, Valdemoro afirmó que hace unos años comenzó a ir a un psicólogo deportivo por su tendencia a ser extremadamente perfeccionista. Es así como aprendió a dominar su nivel de ansiedad, perder muchas de sus manías, prescindir de sus amuletos y, en líneas generales, dejar de ser una persona tan maniática. En cuanto a sus gustos en el terreno musical, posee un gusto muy amplio, pero se considera “más rockerilla” en contraste con cualquier otro género. Escucha a grupos como Love of Lesbian, Crystal Fighters, The Stereophonics, 3 Doors Down, Moloko, Hombres G, etc.

Como toda deportista, no se ha librado de las heridas de guerra, pues son inevitables. No obstante, esa larga lista de lesiones no le ha impedido alcanzar sus metas en el básquet. Se rompió dos veces los dos dedos meñiques de las manos, tuvo las dos muñecas rotas, también se fracturó el troquíter del hombro derecho, se  sometió a dos operaciones en la rodilla por tendinitis del rotuliano y ha tenido innumerables lesiones musculares. Pero cuando se tiene voluntad y afán, no existe la palabra imposible. En esos duros instantes su máxima preocupación era saber si se  recuperaría con éxito y  podría volver a jugar con la misma eficacia. Pero con tesón, esfuerzo y sacrificio, se sometió a horas de rehabilitación y obtuvo su ansiadarecompensa, volviendo a la cancha aun sabiendo lo duro que sería jugar bajo esas circunstancias. De todos los momentos que recuerda, uno de los que considera más especiales es su paso por las Olimpiadas de Atenas, en 2004. Allí pidió a la Federación jugar con el apellido de su madre, Madariaga, y pudo rendirle un especial homenaje. Si algo marcó la vida de Amaya fue el fallecimiento de su progenitora a causa de cáncer, que coincidió con las dos temporadas de su primera etapa en Valencia. Desde ese fatídico día, la madrileña dedicaría cada canasta a su madre, tal como ella se lo había pedido en una de sus últimas conversaciones.

Tras su éxito en el baloncesto, en la actualidad Valdemoro sigue vinculada a él: es comentarista en el programa televisivo de Canal Plus Eurofighters. Por ahora, se ha cerrado la carrera de una de las mejores jugadoras de baloncesto de nuestro país, pero su legado permanecerá íntegro en la memoria de los aficionados y seguirá siendo un orgullo en la historia del baloncesto.

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