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Amazonas de plata

¿Por qué nos gustan tanto los deportes de equipo? Valoramos la unidad, nos encanta ver como un grupo se decepciona cuando pierde o sonríe y celebra al ganar. Pero a veces se hace la magia y hay algo que traspasa ese término, algo que nos emociona y que nos hace llorar y celebrar a nosotros. Estoy dispuesta a poner la mano en el fuego para afirmar que la selección española de baloncesto femenino ha provocado que sintamos que hemos ganado una plata histórica.

La selección española celebrando la plata/ Foto:FEB

La selección española celebrando la plata | Foto: FEB

Érase una vez, Estambul es un buen lugar para los cuentos, un grupo de chicas que venían de ganar el pasado Eurobasket y todos los partidos de la fase de preparación; con ansia de una final. Tras un año de decepciones mundiales, ellas habían logrado que pudiéramos volver a ilusionarnos. Pero, pese a que nosotros ya le habíamos otorgado un puesto en las semifinales, tanto Mondelo como las doce integrantes del equipo nacional solo tenían la cabeza puesta en Japón. Y de la mano de la capitana (“la autocomplacencia generalmente está relacionada con la falta de eficacia”), Lyttle, Nicholls, Torrens y Xargay salieron al campo por primera vez en Ankara. Y, por primera vez, desde que el reloj empezó a correr entablamos nuestra bandera, nuestro principio: la intensidad defensiva, demostrando que la idea que hemos oído tantas veces de que “hay que ir final a final” no es una leyenda urbana, de tal forma que, ganando por 14, todas las jugadoras que estaban en el parqué defendían con uñas y dientes y corrían a un ataque donde todas aportaban (Xargay, Lyttle, Cruz y Torrens ya avisando de que harían espectáculo en este mundial con más de diez puntos cada una), dejando al equipo japonés en el tercer cuarto con un parcial de 4-21 y con un marcador final de 50-74.

Sin embargo, la exigencia de este equipo era reflejada esta vez en Sancho Lyttle: “Aún nos queda mucho que mejorar”, declaraba tras su doble-doble en el partido. Otra vez esta sensación de equipo que aterrizaría al día siguiente sobre Brasil. Con un primer cuarto que nos hizo tragar saliva (12-13) pese a los cuidados de nuestra capitana (con 4 puntos, 2 asistencias, 3 robos y hasta un tapón), llegó el momento de que Domínguez se presentara en el Mundial de Turquía, escoltada por Cruz y Torrens (4/4 en triples entre ambas y más de una decena de puntos cada una), dando más intensidad y ritmo al partido y haciendo que el equipo sudamericano fuera disminuyendo sus esperanzas de victoria. El problema de jugar contra España es que si intentas defender a sus aleros y bases, Nicholls y Lyttle tienen mucho que decir e, incluso el físico de Brasil, quedó mermado por su poder bajo los aros (10 puntos y 9 rebotes de la primera y Lyttle siguiendo a lo suyo, a lo nuestro, con otro doble-doble). Segundo nivel superado (83-56): España ya estaba en octavos.

Llegaba el momento de la subcampeona del mundo en 2010: la República Checa; el objetivo: ser primeras de grupo y clasificarnos directamente para cuartos. Y si es con espectáculo, mejor. Así lo debieron decidir en la primera canasta Palau y Lyttle con uno de los tantos alley-oop con los que la pívot nos ha obsequiado durante el mundial. El equipo cada vez tenía más confianza, cosa que demostraba el hecho de que de las diez jugadoras que salieron a la pista, nueve anotaron dos o más puntos y seis, seis o más. Esto, junto con la defensa que ya caracterizaba al combinado nacional, tuvieron un resultado de victoria por 24 puntos (67-43).

Y “con pasos cortos pero seguros”, como demandaba Nicholls, España se plantó en cuartos de final con magníficas sensaciones frente a una China que, pese a no tener ninguna jugadora de las entrenadas por Mondelo, era muy conocida por el seleccionador nacional. Desde el primer cuarto, el entrenador del conjunto asiático trató de hacer cambios que frenaran de alguna manera a España, porque cuando empezamos a correr, ocurre lo que ocurre: China llevaba cinco puntos en los siete primeros minutos, en los que ya había anotado todo el quinteto titular nacional, llevábamos 6 robos y un par de canastas de Xargay en contraataques que, junto con Lyttle, Pascua y Nicholls dominando la zona, hicieron que al final del primer cuarto ya ganásemos 20-9. Junto a las asistencias de Torrens y Palau y los rebotes de Nicholls (14), los 24 puntos de Lyttle no dejaron opción a las chinas que cayeron 71-55. “Anotar es algo secundario, lo que importa es el equipo”, declararía posteriormente la pívot nacionalizada.

“Somos guerreras, nos pegamos con quien sea” había afirmado Xargay antes del Mundobasket y llegaba la hora de demostrarlo frente a la anfitriona si queríamos estar en la final. Turquía había ganado a equipos de la talla de Francia o Serbia y contaba con un ambiente en Estambul poco deseable para cualquier rival. Tres cuartos empatados que provocaban que la final estuviera cada vez más cerca y más lejos. Y, entonces, llegó el momento de Nuria Martínez, su solidez, veteranía e inteligencia condujeron el partido en un nervioso tercer cuarto para llegar al final del encuentro de la mano de Alba Torrens con 14 puntos en 10 minutos y una diferencia de más diez para la selección en el marcador definitivo (66-56).

Y el problema de tanto viaje es que las marcianas también saben volar y su aterrizaje suele ser muy doloroso para cualquier rival; pero la idea estaba muy clara: que el Dream Team “se lo gane”. Las televisiones en las casas se fueron encendiendo para formar parte del conjunto nacional, más de un millón y medio de espectadores queríamos colgarnos la medalla. Sin embargo, debido a un inconmensurable porcentaje en tiro y a unas intratables Moore, Taurasi y Whalen, entre otros nombres alienígenas, la balanza se decantó hacia el lado norteamericano. Pero a los doble-doble de Laura Nicholls y Sancho Lyttle, las entradas y el carácter de Silvia Domínguez, las canastas de Alba Torrens en el segundo tiempo, el triple al final del encuentro de Leonor Rodríguez, los puntos de Anna Cruz, las asistencias de Palau y Xargay y, sobre todo, la lucha de todo el equipo, les daba igual esa diferencia, hecho que se acabó compensando con una digna derrota por 13 puntos (64-77). Por eso, nos quedamos con lo que dijo Gil al acabar el partido “hemos competido con ellas, hemos hecho nuestro juego y hemos disfrutado del partido”.

Así, cuando Torrens y Lyttle recibieron el premio al quinteto ideal, nadie dudaba de su merecimiento. Y así, nadie dudó de que el segundo escalón del podio, el primero terrícola, era de todas y cada una de las jugadoras españolas. Esa plata que nos sabe a oro. Esa plata que, para Torrens y todos los aficionados al basket, “sabe a equipo”.

Próxima estación: Río de Janeiro. Allí, Leticia Romero, la miembro del quinteto ideal del Europeo U20, tendrá un par de años más y nos garantizará más minutos de calidad, seguiremos contando con el espíritu de Amaya y de Elisa, cuyos brazos nos ha parecido ver en alguna de nuestras defensas. Jugando como equipo siempre somos más, atacando y defendiendo unidas como Amazonas de plata.

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1 Comment

  1. Mayte Valenzuela 13 octubre, 2014 at 23:32

    Muy bueno

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