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Anna Cruz, la esencia de los valores del deporte

Juanma Terceño 2 mayo, 2013 Baloncesto Femenino, Liga Femenina No hay comentarios
Anna Cruz entrando a canasta | Fiba / Ciamillo Castoria

La despedida de Anna Cruz del equipo Rivas Ecópolis es un momento agridulce para los aficionados de este equipo, pero debe ser un motivo de inmensa alegría para todos los que amamos el deporte en general, y el baloncesto femenino en particular. Y no sólo estoy hablando de baloncesto, ya que para mí lo que representan perfiles como Anna Cruz van mucho más allá.

Anna Cruz entrando a canasta | Fiba / Ciamillo Castoria

Como entrenador que he sido durante la década de los 90 en Palencia, veo que lo que esta deportista representa es toda una cadena de valores positivos, tanto en lo deportivo, como lo más importante, valores que van mucho más allá de la cancha, pero que se transmiten perfectamente desde dentro de ella. Esos valores que hacen que los grupos funcionen, éticos y personales, y de los cuales esta sociedad adolece cada vez más, en parte por la educación que reciben nuestros jóvenes y en parte por la ausencia de ídolos que los representen; de ahí la importancia que cobran figuras como la de Anna.

Confieso que desde hace 4 años, cuando comencé a acudir al Cerro del Telégrafo a ver partidos de las ripenses, encontré algo especial en una joven jugadora con mucha personalidad, resolutiva y con una capacidad de trabajo encomiable en el campo, en ambos lados de la cancha.

Fuimos viendo como, en una liga nacional donde los equipos de Salamanca y Valencia dominaban la competición, y también en las competiciones internacionales, esta jugadora de complemento a las estrellas del equipo lograba éxitos deportivos poco a poco, con un trabajo silencioso, sin ruido, y sus números resultaban claves para la consecución de objetivos colectivos.

Entre la afición existía un especial carisma con jugadoras como Clara Bermejo, Catty Jones y, sobre todo Jelena Djublevic en ese momento. Jelena lideraba el equipo, bien secundada por otras jugadoras que posicionaban a Rivas como una alternativa real a los grandes en nuestro deporte. Sólo Jones no estuvo a la altura de las expectativas.
En años sucesivos, fichajes de mucha calidad como Cristal Laghorne, Dewanna Bonner (la jugadora de más talento que ha jugado en las filas de Rivas), Essence Carsson, Asha Jones o las veteranas Amaya Valdemoro o Elisa Aguilar venían a reforzar un equipo siempre en crecimiento; el mismo crecimiento personal que iba desarrollando Anna, siempre a la sombra de otras figuras, pero a lo largo de los campeonatos mucho más determinante que las primeras espadas.
Quiero recordar, entre otras cosas, cómo el primer título vino a las vitrinas de Rivas, la Copa de la Reina 2011, con las dos últimas canastas de raza en la final conseguidas por Anna, en penetraciones a canasta y con su clásico tiro en suspensión, ante un elenco de estrellas como Ros Casares y en su cancha, que nos hizo felices a muchos. Y cómo se consiguió el hasta ahora segundo y último título, la Copa de la Reina 2013 en Zamora, con una excelsa Anna, especialmente en la semifinal, a la que injustamente no le recayó el galardón de MVP del torneo, esas cosas que esta Federación tiene que no entran en ninguna lógica.

Pero no es la ya indiscutible calidad baloncestística de esta jugadora lo que a mis ojos la hace especial. Un reconocimiento deportivo que le ha llegado incluso tarde; recuerdo como los comentaristas de Televisión Española denostaban su capacidad, mencionando en múltiples ocasiones su falta de puntería en el triple o en los tiros libres, especialmente. Y sobran ejemplos de alabanzas injustificadas para otras jugadoras que en Rivas no hicieron ni mucho menos méritos suficientes para ello. A la larga puede que incluso el no ser (o no haber sido hasta ahora) una jugadora tan mediática, le haya ayudado en su crecimiento y haya podido trabajar y mejorar su capacidad como baloncestista con mayor tranquilidad, sin la presión que hubiera podido afectarle.

Dentro de sus características puramente deportivas, destacan sobre todo su velocidad, con un cambio de ritmoextraordinario y una gran potencia de arrancada, en las penetraciones o corriendo en transición, y su inteligencia para generarse situaciones de tiro cómodas. Con un muy buen tiro de media distancia, especialmente en suspensión a 4 o 5 metros de la canasta tras bote con la mano derecha, y un tiro de 3 puntos muy mejorado en las dos últimas temporadas; tiene también buena capacidad para apoyar el rebote defensivo, y es una buena defensora exterior cuando no hay una excesiva diferencia en corpulencia con sus rivales. Otras características de su juego son el buen ritmo que siempre le da al balón en ataque, la buena lectura de las líneas de pase tanto en ataque como cuando defiende en zona, y un rápido y habilidoso manejo del balón que la han llevado a jugar de base en numerosas ocasiones.

Pero, qué hace de Anna Cruz una jugadora tan especial? La manera de llegar al éxito.
El paso de jovencísima promesa a jugadora franquicia ha sido largo y muy trabajado. En estos 4 años he visto una jugadora trabajadora como ninguna, siempre al límite del esfuerzo, acabando en muchos partidos agotada, pero no por ello dejando de pelear cada acción del juego. He visto una deportividad inmensa; nunca un gesto antideportivo ante árbitros o rivales, nunca una reacción airada ante las duras defensas que ha recibido en muchas ocasiones, en que se ha enfrentado a rivales físicamente mucho más fuertes que ella, y siempre dando pasos hacia adelante tanto defensiva como ofensivamente con un sentido de equipo y una conciencia de colectividad que me han entusiasmado y me han hecho levantarme del asiento para aplaudir con mucha frecuencia.
Es el espíritu deportivo, la cultura del esfuerzo y del trabajo, la aceptación de los diferentes roles que ha ido teniendo bajo la batuta de Fort primero y Méndez después, incluido su paso (hasta ahora como actriz secundaria) por una Selección que está llamada a liderar en próximas citas. Este es el mensaje que he recibido, y este es el legado que deja con mayor fuerza en nuestros corazones Anna Cruz, a la que echaremos de menos por aquí y de la que esperemos no se pierdan las formas y las lecciones aprendidas; especialmente para todos aquellos jóvenes deportistas, baloncestistas o no, y más especialmente para sus técnicos, que deben comprender como la educación deportiva lleva implícitos una educación personal y una serie de valores humanos que van mucho más allá de las canastas conseguidas, los títulos o medallas, pues se quedan en la personalidad para toda la vida.

P.D. Quiero aprovechar este artículo para recordar la petición hecha a través de change.org para que en Rivas Vaciamadrid se pueda nombrar Anna Cruz a una calle; los méritos deportivos y la huella que ha dejado en esta ciudad son justificación más que suficiente como para que los ripenses nos honremos de ello.

Juanma Terceño Sumiller
Entrenador de baloncesto

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