De una final que parecía decantada después de los primeros minutos, donde los hombres de John Calipari empezaron marcando el ritmo, Kansas sacó el orgullo, el corazón y la entrega para recortar distancias en un marcador que a pesar de este último arreón en la segunda mitad, no cambió de dueño. La ventaja fué ya insalvable, la diferencia física demasiado elevada, y Kentucky consiguió capturar su octavo título nacional. No pudo conseguirlo John Wall, tampoco Brandon Knight, y ha tenido que ser Anthony Davis, con unos escuderos de lujo, el que hiciese finalmente buena la apuesta de John Calipari.
2012 NCAA NATIONAL CHAMPIONSHIP TITLE GAME
#2 Kansas Jayhawks 59 – 67 Kentucky Wildcats #1
Kansas: Thomas Robinson – 18 Pts, 17 Reb, 1 Ast
Kentucky: Doron Lamb – 22 Pts, 2 Reb, 3 Ast
Acabó con un 1-10 en lanzamientos de campo, y solo pudo sumar seis puntos en todo el encuentro. Pero la final de Anthony Davis pasará a la historia por el dominio defensivo al que sometió al conjunto rival. Condicionó por completo las ideas de Kansas con su sola presencia en la pintura y en el campo, centrando todas las atenciones posibles. Participaba en todos los rebotes con su envergadura, taponó tiros casi imposibles, y estuvo muy atento a todas las ayudas defensivas. Así, Davis acabó sumando 16 rebotes, cuatro de ellos ofensivos, seis tapones, cinco asistencias y tres robos de balón. Números que no fueron tan completos como seguro le hubiese gustado, pero que muestran el enorme potencial del, salvo rotunda sorpresa, número uno del Draft.
“No soy yo, son todos estos chicos que tengo detrás mío. Nos han liderado durante todo el torneo. Nos han liderado durante este partido. Estaba fallando mucho en ataque, y les dije a mis compañeros, a cada momento, que anotaran lanzamientos, que yo simplemente cogería los rebotes y defendería.” – Anthony Davis, acerca de su partido y la aportación de sus compañeros.
En este encuentro, el liderazgo anotador corrió por cuenta de otros actores. Doron Lamb fué el máximo anotador con 22 puntos. Pero no fué el total lo importante, sino el momento en el que se produjeron. Sus dos triples consecutivos cuando Kansas parecía regresar al partido mataron un poco más el espíritu de los Jayhawks. Marquis Teague fué de más a menos, pero su primera mitad en el apartado ofensivo fué clave para cimentar la ventaja en el marcador. No se vieron números anotadores tan elevados como nos tienen acostumbrados, pero no fue necesario, y Kentucky se adaptó a todo estilo de juego planteado. Corriendo, fueron imparables. En estático, les costó producir, pero supieron compensarlo en defensa. Cuando el rival les corría, supieron balancear su juego.
El partido se cimentó en esa excelente primera mitad, donde la intensidad de Michael Kidd-Gilchrist y Terrence Jones unida con el acierto anotador de Marquis Teague provocaron que Kentucky se fuese al descanso con un 41-27 favorable. Catorce puntos de ventaja que llegaron a ser hasta dieciseis, con seis minutos disputados de la segunda mitad. Pero apareció un actor que echábamos de menos. Tyshawn Taylor anotó un triple balsámico, no solo para su equipo, sino para el mismo, después de haber fallado los veinte lanzamientos desde detrás del arco que había intentado en este torneo. Cogió las riendas, se unió a un Elijah Johnson que estaba muy fuerte entrando a canasta y un Thomas Robinson muy defendido pero que acababa sacando tiros. Estuvo muy cerca, pero Kentucky anotó cuando más hacía falta, cuando la pelota más quema.
El equipo de Kansas acabo ganando ese segundo periodo, pero la diferencia de catorce puntos, en un encuentro donde cada posesión es defendida hasta el límite fué una losa demasiado grande. La velocidad de los Wildcats fué un martillo en ocasiones demasiado fuerte. Se emplearon con dureza los Jayhawks, lo que provocó que algunos hombres se fuesen al banquillo tocados, como Michael Kidd-Gilchrist en un par de ocasiones, en una de sus habituales entradas fuertes a canasta. Pero ni la juventud, ni la inexperiencia, ni el recuerdo de la derrota en la final de la SEC ante Vanderbilt pesaron. Hoy éra un día diferente, el que soñaban, el que les pondría en la historia y les haría ascender un paso más en su carrera por ser profesionales. Había muchas cosas en juego para dejarlo escapar todo, y es que Kentucky puede meter hasta seis hombres entre los 30 primeros de la promoción. Por que Darius Miller se ha ganado por meritos propios que se le considere después de una carrera ejemplar en el equipo.
No nos olvidemos de los dignos subcampeones. Bill Self hizo finalista a un equipo que a principio de temporada parecía deshauciado y apostando todo a una evolución de Thomas Robinson que no estaba seguro que se produjera. Perdieron a dos hombres de primer año por problemas académicos, pero surgió un bloque de secundarios que, si bien no practicaban el baloncesto más bonito del planeta, fué treméndamente efectivo, y sobretodo, de una solidez mental pocas veces vista.
“No es Superman, solo es un gran jugador. No quiero ser poco respetuoso con esto, pero no voy a sentarme aquí y darle todos mis halagos a alguien con el que me he enfrentado. – Thomas Robinson sobre Anthony Davis, después del encuentro.
Las sensaciones que nos quedaron a todos con Kansas fueron muy bien reflejadas por Travis Releford después de la derrota. “En primer lugar, nadie esperaba que estuviésemos aquí, que tuviésemos un buen año. Y lo hemos tenido. Hemos podido competir por el campeonato y hemos tenido un gran año.” Y es que con todos los problemas, con las dificultades, las remontadas y los esfuerzos, Kansas llegó hasta el final, superando las adversidades, y venciendo a una Ohio State a la que todos esperaban en la final.
Y con todo esto, se acabó otra temporada más de baloncesto universitario. Kentucky Wildcats acaban como campeones, el octavo que consiguen en su historia. John Calipari se toma una pequeña revancha ante Bill Self después de la final que le arrebató cuando el primero estaba entrenando a Memphis, con un director de juego llamado Derrick Rose. En el recuerdo también nos quedan los finalistas, con otros dos entrenadores históricos luchando por llegar a la final. Rick Pitino fué eliminado por el equipo que un día entrenó, pero a Louisville nadie le quita el mérito de haber entrado cuando nadie se lo esperaba. Tampoco pudo acabar entrando Ohio State. Los chicos de Thad Matta, con un Jared Sullinger que había vuelto para la causa, se quedaron a las puertas del éxito después de desperdiciar una ventaja importante en el encuentro ante Kansas.
“Quería que todo el mundo viese que somos el mejor equipo de la temporada. Fuimos el mejor equipo. He deseado esto durante muchos años.” – John Calipari, entrenador de Kentucky, después de conseguir el campeonato nacional.
Una temporada brillante, con momentos de mucha intensidad, sorpresas y decepciones, historias dignas de mención y rachas que merece la pena recordar. Y nos quedamos a la espera, contando los dias, minutos y segundos que nos quedan por delante para vivir otra temporada más del baloncesto más emocionante, abierto y interesante de todo el mundo.

