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Blog de Laia Flores: «La distancia es el olvido… ¿o no?»

Hola a tod@s,

Hace mucho que no escribo nada por aquí, y no es que me haya olvidado de vosotr@s, pero como sabréis he estado jugando en Italia este año, y entre el baloncesto, nueva cultura, aprendiendo nuevo idioma y que estoy terminando el máster universitario, no he tenido mucho tiempo para escribir… Pero después de unos meses de confinamiento vuelvo para “responder” y profundizar más en una de las preguntas que mucha gente me hace después de años de estar lejos de mi casa y de los míos. Espero que este blog os ayude a los que os encontráis lejos de vuestras familias y amigos, y también aquellos que estáis al otro lado de “la historia” en la que vuestro hij@ o amig@ se haya ido lejos para continuar con su sueño, en mi caso ser jugadora profesional de baloncesto…

La pregunta que tantas veces me han hecho “qué es lo que más me ha costado al irme a jugar fuera de mi país”, y que me he hecho a mí misma… “¿La distancia es el olvido?”

Cuantas veces me habrán preguntado que es lo que más me ha costado al irme a jugar fuera de mi país.

Mi respuesta es siempre: no poder estar cerca de los míos, de mi familia y de mis amigos.

Esto, cuando me fui de casa con 18 años a Estados Unidos seguramente era verdad. Pero, si os soy sincera, era una decisión que llevaba años meditando y lo tenia todo tan claro; sabía que me iba a ir lejos, sabía que me alejaba de mis amigos y de mi familia, y que estaría meses y meses, sin verlos, sin abrazarles, sin poder tocarles (que por cierto esto es lo que más se echa de menos, el contacto físico). Por lo tanto, ellos, el no poder estar cerca de los míos, es siempre la respuesta casi automática a esa pregunta que tanto me han hecho.

Pero, cuando pasan los días, los meses, los años, y ya no eres “noticia” (ya no es novedad el que tú ya no estés allí), tus amigos, tus excompañeras, tu familia y en definitiva “todo el mundo” se ha acostumbrado a no verte por allí, es como si en cierta forma todo pasara a la normalidad, o a la “nueva normalidad”, y en cierta forma te sientes “mejor”, pero a la vez “cada vez más solo”.

Es difícil de explicar, es una sensación que es como si se contradijera. En una parte te sientes “mejor” porque poco a poco te vas adaptando al nuevo sitio en que estás, y tu familia y amigos también se han adaptado a no verte y no tenerte cerca, pero por otro lado, mientras ellos siguen con sus vidas y su normalidad “sin ti”, tú sigues en otro sitio, como si fuera un “mundo paralelo” donde conoces a mucha gente nueva y otras culturas, pero a la vez te vas alejando más y más de ellos.

Laia Flores blog

Foto: Lou Mesa (con mis padres) | Foto: Con mi hermano

Se hace normal no poder ir a ninguna cena, ni a ninguna fiesta, ni a ver tus primos nacer, ni poder estar allí cuando tu abuela se muere, ni poder celebrar con tus mejores amigos sus 18 cumpleaños, ni sus 19, ni 20, ni 21, ni 22, ni… Quién sabe cuántos cumpleaños no vas a poder ir. Pero, lo que más duele, no es tanto el no poder estar allí, sino cuando ya se da por hecho que no vas a estar. Cuando todos se acostumbran a tu ausencia, cuando ya no se preguntan por qué no estás allí, ni te culpan, y te sientes mal “tú sola”, porque no poder estar con los tuyos cuando más te necesitan es duro, muy duro!

Pero cuando vuelves, por una temporada pequeña, por unos meses, en verano, cuando aún sigues compitiendo, pero tienes unos días para estar con ellos antes de volver a empezar la siguiente temporada, te das cuenta que los que de verdad te quieren siguen allí, y otros que la distancia hace que si sea el olvido, pero para mí, y para much@s, supongo que con esta distancia valoras mucho más tu gente, y las cosas que importan.

Sufrir es madurar. Y madurar se hace con los años. Mi vida ha estado llena de cambios, emociones, errores, aprendizajes, gente maravillosa, y gente que culpamos a la distancia por haber perdido el contacto, o simplemente por el hecho que la gente sigue diferentes caminos y algunos se separan y otros se vuelven a encontrar. Mis últimos años se podrían resumir en: 3 años, 3 países diferentes. Estados Unidos, España, Italia. Tres años, y tres países donde he aprendido mucho, sufrido y disfrutado, pero sobretodo donde me he dado cuenta, a parte de lo que me da el baloncesto, lo que me da la vida, y a valorar mucho más las pequeñas cosas y la gente que sigue allí después de tantos años “separados”.

Para los que estáis viviendo una situación como la que yo he vivido, lejos de los tuyos, solo te diría que apreciaras… El abrazo de tus mejores amigas después de meses sin verlas, la comida de tu abuela, pasear por las calles de la ciudad que te ha visto crecer, una comida familiar que se alargue horas y horas… Porque la distancia es para valientes, pero también para inconscientes, porque “es fácil” llegar a casa un domingo por la noche después de una victoria y hacer un partidazo, pero no lo es tanto cuando pierdes y juegas mal. Entonces, solo quieres abrazar a los tuyos y sentirte un poco mejor, pero no puedes, ni el domingo por la noche, ni el lunes por la mañana, ni seguramente durante meses… La distancia es difícil, pero te enseña a valorar los tuyos, y a madurar.

Y si, yo elegí esta vida, y me encanta. Los que no la eligieron son tu familia, tus amigos, ellos, los que están allí contigo y los que “te perdonan” cuando no puedes estar cuando más lo necesitan ellos. Porque desde los 18 que me fui, hasta ahora que tengo 24… Que he aprendido que la distancia no es el olvido, porque a pesar de todo, de que duela no estar allí cuando ellos te necesitan, ellos siempre están allí cuando tú lo necesitas.

Laia

Con mis amigos (En España, En Estados Unidos)

A los que se encuentran en una situación como la que yo me he encontrado durante años… No tengáis miedo, la distancia no es el olvido, pero que os ayude a valorar y a cuidar a los vuestros, porque ellos nunca fallan!

A mis padres, a mi familia, a mis verdaderos amigos,

…Gracias por siempre estar allí, a kilómetros de distancia, pero más cerca que nunca cuando más lo necesitaba!

Laia Flores

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