Zonadostres – Información de baloncesto femenino. Liga Dia, LF2, FIBA…

Cien saltos de Slaughter

Raúl Ciudad 13 marzo, 2014 Baloncesto Femenino No hay comentarios
Imagen de Slaughter saltando antes del partido ante el Galatasaray | Foto: Ángel Rivero/MARCA

Marcus Anthony Slaughter (San Leandro, California, 1985) cumplió el domingo 100 partidos en la Liga Endesa, repartidos entre el CB Valladolid, donde jugó una temporada, y el Real Madrid, a donde llegó en 2012 para ganar títulos.

Imagen de Slaughter saltando antes del partido ante el Galatasaray | Foto: Ángel Rivero/MARCA

Imagen de Slaughter saltando antes del partido ante el Galatasaray | Foto: Ángel Rivero/MARCA

Los habituales del Palacio de los Deportes conocen muy bien la estampa. Nada más concluir la presentación de los jugadores locales, Slaughter se aparta de sus compañeros, pegándose a la línea de fondo, se impulsa hacia arriba como si todo él fuera un resorte y en el punto más alto del salto estira las piernas hacia afuera y se toca las puntas de los pies con los dedos. Como él mismo ha dicho, se trata de un calentamiento, físico y mental: “me ayuda a calentarme, a estirar y a estar listo para la batalla”. Es una rutina que va más allá de eso; es un rito, que, por cierto, sólo lleva a cabo en los partidos de casa, y que es muy superior estéticamente a otros famosos ritos pre-partido del baloncesto, como los polvos de talco de LeBron o las palmaditas delante de la mesa de anotadores de Jordan y Bryant. Con un salto vertical de 1,10 metros y una flexibilidad extraordinaria para un hombre de su altura, Slaughter ha forjado una postal clásica de este equipo campeón, de este Real Madrid que esta temporada ha ganado 45 partidos de 46 y que, como ese salto, parece volar por encima de lo terrenal.

A sus casi 29 años -los cumplirá el próximo martes-, Slaughter se encuentra en el cénit de su carrera deportiva. Es seguro que no juega tantos minutos como en otros equipos en los que era la estrella, es cierto que no anota tantos puntos y que su responsabilidad ofensiva se reduce a rematar cerca del aro. Sin embargo, lo que ha perdido en lucimiento personal lo ha ganado en títulos y en la conciencia de pertenecer a la élite europea. “Prefiero jugar un minuto en el Madrid que 30 en otros equipos”, ha dicho cuando se le ha preguntado acerca de su papel secundario en el actual campeón de liga, Copa del Rey y Supercopa. Slaughter está contento en el Madrid, y se le nota. De carácter extrovertido, se le vio, por ejemplo, cantar el himno del Madrid durante el ofrecimiento de la última Copa a la afición, en el balcón del Ayuntamiento. Sus compañeros ya se habían marchado y él, sin asomo de pudor, se quedó allí, como un tenor solitario. Fue la imagen de la alegría de un equipo que este año parece eternamente sumido en ella.

Formado en la universidad de San Diego State, Slaughter dio muy pronto el salto a Europa, continente donde ha construido su carrera deportiva. Turquía, Israel, Francia y Alemania le han visto pasar, con protagonismo creciente. Sus excelentes cualidades físicas le han servido para hacerse un hueco en la aristocracia europea. Es evidente que no es un dechado de virtudes técnicas, pero no es tan tosco como algunos creen o quieren hacer ver. Cerca del aro es siempre resolutivo, sin necesidad de terminar en mate -aunque este sea, sin duda, su gran recurso-, y posee un aceptable bote de balón. Este año se le ha visto robar en línea de pase y atravesar la pista como un alero para terminar, claro, machacando la canasta, porque el espectáculo es una de sus premisas. En 2010, a su llegada a Valladolid, impactó con su contundencia y fue considerado el jugador más espectacular de aquella temporada, uniendo a este reconocimiento personal un excelente año del por entonces llamado Blancos de Rueda, dirigido por Porfirio Fisac. Llegó al Pisuerga procedente de Francia, del SLUC Nancy, en el que promedió 12,5 puntos, 7 rebotes y 1,4 tapones, y al año siguiente emigró a Alemania -país donde ya había competido en la 2008-09, en el Bremerhaven- para disputar Euroliga con el Brose Baskets de Bamberg.

La llegada al Real Madrid, en el verano de 2012 supuso un cambio de su rol habitual. Menos minutos y menos lucimiento, pero la posibilidad de luchar por los títulos con los transatlánticos europeos. Desde el principio Slaughter se centró en ayudar al equipo como mejor podía hacerlo: en defensa. “Es el mejor defensor de Europa”, ha dicho con convicción Laso. “Nos da un plus de intensidad, de esfuerzo y de trabajo en los partidos y en los entrenamientos. Es un auténtico lujo tenerlo en mi equipo”, explica el vitoriano. Así es, incluso para el ojo no demasiado versado en el baloncesto, llama la atención su capacidad para defender eficazmente a jugadores mucho más bajos que él -incluidos bases-, y, por tanto, teóricamente más rápidos. Sólo teóricamente, porque, en la práctica, suele pararlos a todos. Sus prodigiosas piernas, largas, potentes y flexibles, y su actitud ante lo que es la defensa -“disfruto defendiendo”, ha dicho-, lo hacen casi insuperable en el uno contra uno (otra cosa es que en ocasiones se vea superado debajo del aro por jugadores más altos y corpulentos que él, pero incluso en esa coyuntura tan desfavorable suele ganar la partida). No es raro verle como activa punta de lanza de esa zona 1-3-1 que Laso utiliza con frecuencia para cambiar el signo de un partido. No hay ningún jugador de su altura capaz de hacer algo parecido. No nos olvidemos de que es un pívot.

En realidad, Slaughter es un exponente claro de esa figura que en los últimos años se ha implantado en los grandes equipos europeos: ese 4-5 no muy alto, de raza negra, con prodigiosas virtudes atléticas a las que une una actitud batalladora que saca de quicio a los rivales y gana títulos. Con desigual, y a veces reducido, protagonismo ofensivo, estos jugadores aportan otra cosa (para anotar ya están otros, y en el caso del Madrid, muchos otros): actividad constante. Kyle Hines, ahora en el CSKA y campeón de la Euroliga el año pasado con Olympiacos, y Joey Dorsey, del Barcelona, son otros ejemplos de una clase de jugador que, aquí en Europa, vale toneladas. En el baloncesto (“una pliometría de 40 minutos”, como lo ha definido el entrenador y preparador físico Julio Tous), cualidades como la potencia y la velocidad que estos jugadores poseen en grado sumo son extremadamente valiosas, y si a eso se le une inteligencia, conocimiento del juego e implicación, como ocurre con Slaughter, tenemos un jugador de gran utilidad.

No se nos oculta que Slaughter no es un buen tirador, y que debería ampliar sus recursos técnicos de espaldas al aro, que debería mejorar los tiros libres. Sus fallas como jugador no son pocas, pero ahora, donde está, no se le pide más. La importancia de su figura para Laso está fuera de toda duda, porque más allá de que -y no es poco- sea capaz de levantar al público de sus asientos, se trata de un jugador potencialmente diferencial con su trabajo en defensa y, por qué no decirlo, con esa facilidad suya para el mate en contraataque. Más de un partido se ha levantado con dos o tres alley-hoops suyos servidos por Sergio Rodríguez, proveedor oficial de los “dunkers” de este equipo. La galería de jugadas espectaculares con esta pareja como protagonista es interminable, y de largo aliento e inspiración para todos.

Por encima de sus defectos, y sabiendo potenciar sus virtudes, ha sabido hacerse un hueco en este Real Madrid que atrae miradas y acumula récords. Querido por la afición, él corresponde: “todo el mundo quiere estar en un club como este, el más grande de Europa. Jugar aquí y saltar a la cancha con esta camiseta es un privilegio”. Sus acciones y su actitud en la pista no desdicen sus palabras. Y el Palacio, eufórico este año, quisiera ver cincuenta, cien saltos más de Marcus Anthony Slaughter.

Like this Article? Share it!

About The Author

Leave A Response