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El arte de remontar: 15 años de una victoria europea

Yolanda González 1 abril, 2014 Baloncesto Femenino, Europa No hay comentarios
Hoy se cumplen 15 años de la gesta amarilla | Foto: CB Islas Canarias

Si miramos la clasificación final de la fase regular de la Liga Femenina de baloncesto, podemos ver en el tercer puesto al Gran Canaria 2014, en la que ya es su mejor temporada desde la 1999-2000, año en el que consiguió un subcampeonato liguero y otro en la Copa Liliana Ronchetti.

Hoy se cumplen 15 años de la gesta amarilla | Foto: CB Islas Canarias

Hoy se cumplen 15 años de la gesta amarilla | Foto: CB Islas Canarias

Sin embargo, si tuviéramos que elegir la mejor temporada de la historia del equipo de Las Palmas de Gran Canaria no cabría duda alguna: tendríamos que volver la vista un año atrás. Aquella temporada, bajo el patrocinio de Sandra, el conjunto dirigido por Domingo Díaz consiguió un cuarto puesto en la Liga Femenina, un campeonato en la Copa de la Reina y, sobre todo, el triunfo más importante de su historia: la Copa Ronchetti.

Cuando el equipo amarillo inició su andadura en 1995 en esta competición europea, desaparecida en 2002 en favor de la Eurocup, pocos podían haber imaginado que acabaría logrando un campeonato y un subcampeonato en dos temporadas consecutivas.

La temporada 1999-2000 empezó de forma tranquila. Encuadrado en el grupo F de la competición junto al Aix-en-Provence de Francia y el Namur belga, el Sandra pasó a la ronda de dieciseisavos contando tres de sus cuatro partidos por victorias, puesto que solo cedió un encuentro en tierras provenzales. El equipo estaba formado por diez jugadoras canarias y dos estadounidenses: Jessie Hicks y Tarshia Bronner.

El Lavezzini Parma fue el primer escollo en el camino hacia el éxito, especialmente tras perder el partido de ida en Italia por nueve puntos. Sin embargo, en la vuelta en la cancha de La Paterna (que acogió la mayor parte de la competición), el Sandra Gran Canaria consiguió vencer por doce puntos.

La eliminatoria de octavos de final fue de esas que solo suceden una vez en la historia de un equipo. El Kozachka Zalk ucraniano arrasó sin paliativos al Sandra en su cancha por un contundente 91-57, 34 puntos que, en apariencia, eran imposibles de remontar. Sin embargo, y ante la locura y la incredulidad de los espectadores presentes en la pequeña cancha grancanaria, el Sandra no solo venció a las ucranianas, sino que lo hizo por 41 puntos de diferencia, lanzándose con una moral sin igual a la siguiente fase.

La eliminatoria ante las ucranianas fue de lo más peculiar, y no solo por la remontada. Tal y como nos relata Thania Quintero, las jugadoras amarillas vivieron situaciones de lo más surrealistas, pero que, al mismo tiempo, las ayudaron a hacerse más fuertes y conseguir la victoria final:

¡¡¡Fue un viaje terrible!!! Necesitaríamos un libro solo para contarte cómo nos trataron y todo lo que nos sucedió: aeropuerto cerrado por nieve, nadie nos recogió, dormir en un sitio de alterne, coger al día siguiente una guagua por 10 horas, jugadoras enfermas, y llegar al partido una hora tarde y no darnos ni 10 minutos para calentar, resultado: perdimos de 34… Pues por supuesto la vuelta a casa ya sabíamos que se nos había acabado la competición europea, que habíamos hecho un grandísimo papel llegando a cuartos, y que claro, una diferencia de 34 puntos no la salva nadie. Llegó el partido de vuelta en casa, y recuerdo perfectamente nuestras conversaciones de decir, “bueno, un entreno más, intentar hacer un buen partido”. Recuerdo como anécdota que Lourdes Peláez antes del partido ¡se puso morada de churros! y que Lidia Mirchandani y yo, que compartíamos piso tampoco es que hiciéramos un pre-partido estricto, algún chocolate cayó… Pues llegó el partido y fue uno de los mejores partidos en la historia del Sandra Gran Canaria, ¡espectacular! Todas jugando a un nivel increíble, pero sobre todo me acuerdo que Rosi y Lourdes estuvieron fuera de lo normal. ¡¡Recuerdo a los aficionados en las gradas haciendo cuentas!! Recuerdo al padre de Lourdes diciendo cuántos puntos necesitábamos para pasar porque la gente ya no estaba para cuentas, el resultado: ¡ganamos de 41! y pasamos la eliminatoria, recuerdo que en el vestuario dijimos: “¡Después de esto y de los churros ya somos campeonas de Europa!!”.

Para su compañera Rosi Sánchez aquellos octavos de final también fueron fundamentales: Creo que marcó el camino a la hazaña, porque esta remontada épica fue la antesala de todas las que vinieron después, incluida la final. Remontadas de 34 puntos en Europa no se consiguen todos los años, por eso ese año estaba diseñado, sin nosotras darnos cuenta, para que fuéramos Campeonas de Europa […]. Recuerdo que yo no pude jugar el partido de ida por un esguince grave y que como fuera jugaría el partido de casa. El equipo nunca habló de “lo conseguiremos o será muy difícil conseguirlo”. Todo lo contrario, lo afrontamos como un partido más, sabiendo que tendríamos una grandísima diferencia de puntos en contra. Recuerdo que el entrenador solo nos dijo que no nos fijáramos en el marcador, y que fuéramos jugando. Ahí contábamos con la calculadora Thania Quintero, que desde el banquillo nos iba diciendo “menos 15″, “menos 20″. Qué risa recordarlo…”

Lidia Mirchandani recuerda que “el Club siempre jugaba la competición, pero el objetivo era ir partido a partido y competir, sin plantear objetivos y metas. Nuestro punto de inflexión se dio cuando perdimos en Ucrania de muchísimos puntos después de un viaje infernal, ahí dijimos: “se nos acabó la competición”. Pero al jugar el partido de vuelta en casa y vimos que después de un partido épico remontamos la eliminatoria fue como decir: “este grupo no tiene límites y somos capaces de hacer lo que nos propongamos”.

Además de la subida de moral para el equipo, las jugadoras de Domingo Díaz adquirieron una habilidad que las ayudaría hasta el final de la competición: eran capaces de remontar en los encuentros de vuelta en casa con una facilidad pasmosa. Así, en los cuartos de final ante el Sopron húngaro (vigente campeón) perdieron con claridad en el partido de ida por 87-69, pero, ¿qué son 18 puntitos para un conjunto que ha conseguido remontar 34 pocos días antes? Empujado por Rosi Sánchez y Lourdes Peláez, el Sandra encandiló de nuevo a los espectadores de la cancha de La Paterna al ganar por 24 puntos y consiguiendo nada menos que 89 puntos. A lo largo de la competición, el equipo supo anotar cuando los partidos se jugaban a muchos puntos y apretar en defensa en los que exigían más intensidad. Elena Álamo no sabría decir “si ese año teníamos el mejor equipo de la historia del club, quizás otros años tuvimos más jugadoras conocidas y de más renombre, pero ese año en que ganamos creo que unimos la calidad de la plantilla con la fortaleza de un grupo fuerte, había muy buen rollo, creo que eso nos ayudó en momentos difíciles”.

Las continuas remontadas imposibles y un juego atractivo y con diferentes jugadoras estrella en cada eliminatoria hacían ver que aquel equipo estaba tocado con un don aquella temporada y, en especial, en la Copa Ronchetti. Para Rosi Sánchez la clave era “que todas íbamos a lo mismo. Nos conocíamos tanto que no hacía falta hablar dentro del campo. Es más fácil cuando todas menos una son del mismo sitio. Eso lo convirtió más épico, un equipo humilde y con la totalidad de las jugadoras de Gran Canaria. Jugábamos de memoria, no hacía falta ni mirarnos, todas sabían cual era su rol y lo aportaba para el bien del grupo”.

La semifinal no pudo ver de nuevo una remontada fantástica de las grancanarias puesto que, en esta ocasión, la ida se celebró en terreno amarillo, más concretamente en el Centro Insular de Deportes, que sustituyó a la pequeña cancha de La Paterna en las dos eliminatorias decisivas de la competición. Ante un CID repleto de aficionados, las jugadoras locales arrasaron al Priolo por 22 puntos. En la vuelta, las italianas vencieron por 14 puntos, lo cual no fue suficiente y permitió al Sandra llegar a la primera final europea de su historia.

El rival que esperaba a las canarias en la gran final de la Ronchetti era el Lachen Ramat Hasharon de Israel, que se había deshecho del Bordeaux francés en la ronda previa. Las israelíes formaban un conjunto complicado de vencer. Para Elena Álamo el israelí “era un equipo muy potente, con muchos nombres importantes entre sus jugadoras, equipo hecho para ganar, y quizás ese era también su defecto, creo que se veían campeonas antes de jugar los dos partidos, está claro que las favoritas eran ellas, pero los partidos primero hay que jugarlos”.

La ida se celebró en el país hebreo y, para afrontar ese primer paso en el camino hacia la victoria, el club amarillo organizó algo especial. Quintero nos cuenta que “fuimos muy ilusionadas y sobre todo muy apoyadas por nuestra gente, se organizó un viaje para todos los aficionados, un vuelo chárter solo para nosotras, y se llenó de familiares, amigos, fans… Así que el viaje de ida se hizo de lo más cómodo y muy arropadas. El partido lo afrontamos como todos, con la frase que Domingo siempre nos decía, “esto no es un partido de 40 minutos, es un partido de 80″, esa era nuestra manera de afrontar cada eliminatoria, y sabíamos que si hacíamos un buen resultado en Israel o con una desventaja de menos de 10 puntos, tendríamos muchas opciones en casa de ganar la Copa. El ambiente no fue nada que no nos esperáramos, tuvimos otras eliminatorias donde tanto el ambiente como el trato en general hacia el equipo fue nefasto, tengo buenos recuerdos de Israel y de cómo nos recibieron y trataron”.

Patricia Urquijo recuerda que “fue un viaje algo especial ya que íbamos en un vuelo chárter y todo el pasaje eran familiares y amigos de las jugadoras y del equipo. En Israel recuerdo que llevábamos un camión de militares escoltándonos tanto a los entrenos como al partido y nos habían recomendado que no saliéramos solas del hotel. En el pabellón, bastante pequeño por cierto, la gente estaba muuuuy pegada al banquillo, de hecho el árbitro mandó retirar un poco a un animador que estaba con un órgano animando al público y casi se metía en el terreno de juego”.

Pese al apoyo recibido por los canarios desplazados a Israel, el Ramat Hasharon, comandado por Vickie Johnson y Mila Nikolich, se impuso al Sandra por ocho puntos de diferencia, a priori pocos teniendo en cuenta las remontadas realizadas por el equipo de Domingo Díaz. De hecho, el Sandra ya había realizado una importante remontada dentro de la idea. Tal y como recuerda Rosi Sánchez: “nos iban ganando de 22 puntos en el partido de ida en su casa y  al final solo perdimos de ocho”. A pesar de perder el partido, el Sandra estaba tocado por una varita mágica, ya que la segunda mitad acabó de una forma muy prometedora para el equipo amarillo. En este sentido, Urquijo nos comenta que “ese partido lo perdimos, pero Lourdes metió un triple de medio campo al final y nosotras celebrándolo (tres puntos menos para remontar) y el público nos miraba con cara de loca”.

Un triple de medio campo que dio paso al partido decisivo de la Copa, que se celebraría de nuevo en el CID. En una ciudad poco acostumbrada a ver sus equipos finalistas en grandes competiciones, no fue de extrañar que los aficionados se volcaran en animar a su equipo ante lo que podía ser una gesta sin precedentes. Las 5.000 entradas puestas a la venta se agotaron rápidamente y la gente incluso se sentaba apretujada en las escaleras del interior del pabellón. Lourdes recuerda que “nos habían hablado que el CID tendría una buena entrada de público, pero al llegar hora y media antes del partido al pabellón ya había mucha gente haciendo cola en las taquillas… Y cuando salimos a calentar vimos que ya estaba bastante lleno, todas nos mirábamos sorprendidas y con los pelos de punta al oír que empezaban a animarnos… En ese momento fui consciente de lo que estábamos logrando por nosotras mismas.. Ya la final fue algo indescriptible… Un cúmulo de sensaciones, ver a toda esa gente animándonos como nunca, esas banderas amarillas y azules, y todo por y para nosotras… Jamás se olvida ese tipo de sensaciones”.

La numerosa afluencia de espectadores también está en el recuerdo de Mirchandani: “desde muy temprano la gente quiso hacer cola para entrar al pabellón. Antes de saltar a las cancha alucinamos por el griterío y nos dijeron: la cancha está que revienta, hay mucha gente que se ha quedado fuera porque no ha podido entrar, la cola da la vuelta al pabellón…Y claro, nosotras todas jóvenes, jugar una Final con 5.000 personas en esa época… imagínate nuestras caras. Teníamos un plátano de peluche que llevaba Patricia Urquijo y que ese año nos acompañó por toda nuestra andadura”.

Uno de los puntos negativos de la final fue que una de las jóvenes jugadoras locales, Elena Álamo, no podría jugar por culpa de una lesión: “por desgracia lo que me acuerdo de ese día es llegar al pabellón en muletas, me había lesionado unas semanas antes, me había roto el quinto metatarsiano. Así que no disfruté la final como me hubiese gustado, eso es un recuerdo amargo de ese día”.

La primera parte estuvo claramente marcada por algo de nerviosismo en ambos equipos, ya que tanto las canarias como las israelíes cometieron numerosos fallos. Entre las visitantes, Johnson era la única que conseguía canastas con facilidad. Tal y como comenta Lourdes Peláez: “Las dos americanas eran su referente pero la alero Vickie Johnson era la más temida, una jugadora zurda con una calidad y unas condiciones físicas increíbles”. Mirchandani comenta que la americana “era el referente exterior del equipo y que, por lo tanto, tendríamos que seguir intentando estar atentas a ella, pero que al ser un equipo compacto no era solo cuestión de defenderla a ella”. Johnson terminaría el partido con 22 puntos, pero estuvo demasiado sola. Solo Nikolich fue capaz de llevar un buen ritmo anotador.

Por el lado canario, Hicks, uno de los estandartes del equipo, estaba muy desaparecida, hecho que se incrementó al verse cargada de faltas. Para Quintero, no fue este un elemento demasiado decisivos en aquella final: “Sinceramente ese año teníamos tantas opciones en ataque que no nos preocupaba si una americana tenía un mal día, está claro que Hicks fue fundamental en la consecución de la Ronchetti, pero para mí ese año, aparte de la gran química que había entre nosotras en la pista, nos conocíamos de siempre, demasiado tiempo y años juntas, hubo tres jugadoras que estuvieron a un nivel espectacular que fueron Rosi, Lourdes y Asun, para mí ellas fueron los tres pilares básicos del equipo”. De hecho, Asun Gamón acabaría siendo la máxima anotadora de las amarillas con 22 puntos y una serie perfecta en los lanzamientos desde la línea de tiros libres (anotó los diez que intentó).

La primera mitad terminó con las israelíes ganando por un punto, por lo que tras el descanso las canarias tendrían que volver a hacer gala de su capacidad para remontar partidos difíciles. Lourdes nos cuenta qué les dijo Domingo Díaz en la charla del descanso: “nos habló que era una oportunidad única, que podíamos hacer historia en Canarias, y que nadie se acuerda del que queda segundo, solo de los campeones, estábamos en nuestra casa con nuestra gente y era el momento. Sin embargo, el equipo del Ramat Hasharon había llegado a la final también por méritos propios e iba a ser difícil vencerlo. Para Elena Álamo, de hecho, el partido más complicado ese año sin duda fue la final en sí, primero el partido en Israel que fue muy complicado, y después la final en casa que nos tocaba remontar. Sin duda, el rival más duro ese año en la competición era el equipo israelí”.

Llegó la segunda mitad y los veinte minutos en los que se decidiría quién sería el ganador de la Copa Ronchetti del año 1999. El partido siguió siendo muy igualado. Mirchandani opina que “la balanza se rompió a nuestro favor fruto de la complicidad que tenía el grupo, del hambre de ganar y, además, por el empuje de la afición”. Las jugadoras del Sandra luchaban por cada balón, en cada rebote, tras cada tiro. Un hecho llamativo es que las israelíes no consiguieron anotar ni un solo triple en todo el partido, a pesar de su elevado porcentaje de acierto en la ida.  Lourdes Peláez cree que fue un poco por todo, por el planteamiento del partido, por las ayudas que realizábamos, estábamos todas muy concentradas en el partido, no recuerdo momentos de debilidad en ese partido… seguíamos trabajando y luchando cada defensa y cada ataque”.

Las canarias, empujadas por un público entregado y por una moral elevadísima curtida a lo largo de una competición durísima, consiguieron llegar al final con una ventaja que fue incrementándose poco a poco, hasta llegar a los diez puntos que suponían la culminación de una nueva remontada y, en consecuencia, la victoria en la Copa Ronchetti.

Así pues, el 1 de abril de 1999, el Sandra Gran Canaria se convirtió en el primer y único equipo español en ganar dicha competición europea.

Para Lourdes, la victoria fue “una alegría indescriptible, estábamos “flipadas” con todo lo que veíamos y sentíamos y con el paso del tiempo fue realmente cuando nos dimos cuenta de la magnitud de nuestra proeza”.

Una vez consumido el último segundo de juego, los aficionados invadieron la pista para celebrar la victoria junto a sus heroínas, un triunfo que continuaría en la Plaza de la Victoria de la capital grancanaria. Tal y como recuerda Patricia Urquijo: “la victoria la celebramos en el pabellón con unas banderas gigantes de ultra naciente y luego fuimos a la Plaza de la Victoria, una plaza en pleno centro de la ciudad que los equipos van allí a celebrar ascensos o grandes victorias. Y celebraciones tampoco muchas, que al par de días teníamos partido de liga, así que había que entrenar”. Por su parte, Rosi Sánchez nos confiesa que fue incapaz de dormir, ya que por el cansancio y “la adrenalina por las nubes fue imposible. Recuerdo que estuvimos fuera hasta el alba, compré churros y todos los periódicos y los llevé a casa. Salíamos en todas las portadas. Un sueño increíble y hecho realidad para aquel gran equipo”.

Al año siguiente el Sandra defendería el título y conseguiría llegar a la final de nuevo, aunque en esa ocasión caería ente el Lavezzini italiano. Lourdes nos cuenta que no tenían “presión ninguna, había más ilusión, más ganas de volver a disfrutar con cada partido, fuimos un gran equipo con grandes jugadoras y compañeras”. El triunfo de un equipo modesto como el Sandra en una gran competición europea fue para Lidia Mirchandani “la demostración de que con trabajo y unión en el deporte de grupo todo es posible. Que a pesar de ser un club modesto conseguimos ser ejemplo de muchos”. El Club consiguió ganarse un respeto en Europa y en España seguir manteniendo el nivel demostrado. Elena Álamo, por su parte, también nos habla de la humildad y de la ilusión del equipo: “la temporada siguiente la afrontamos tal y como lo habíamos hecho los demás años, con la humildad de siempre, intentar llegar lo más lejos posible pero sin ninguna presión, y la verdad que también nos fue bastante bien, logramos el subcampeonato”.

Aquella temporada 1999-2000 vio a un equipo que supo hacer frente a numerosas situaciones complicadas. Sin embargo, visto desde fuera es difícil dar con el secreto de aquel equipo modesto y repleto de jugadoras de la cantera, así que tuvimos que preguntárselo a una de las integrantes del equipo, Thania Quintero, que nos confiesa que la mejor arma del equipo fue “¡El nunca rendirnos! Lo unidas que estábamos y lo bien que nos lo pasábamos. En la final el arma fue el buen partido que hicimos en Israel, con aquel triple espectacular de Lourdes Peláez en el último segundo y casi desde medio campo, que hacía que volviéramos a casa con una diferencia menor a diez puntos que luego en casa con nuestra casta y con un CID lleno a rebosar con 5.000 personas hizo que jugáramos esa final como si fuera el último partido de nuestras vidas. Hoy en día cuando nos reunimos las “viejas glorias” y nos ponemos a recordar cosas, tenemos mil anécdotas de ese año. ¡¡Mil vivencias que jamás olvidaremos!!”.

La victoria del Sandra Gran Canaria en la Copa Ronchetti tuvo bastante repercusión en Gran Canaria. Como recuerda Elena Álamo: “Lo que mejor recuerdo de la final en casa es la repercusión que tuvo a nivel de toda la isla, fue alucinante porque hasta entonces la verdad es que mucho caso no nos hacían (risas), pero eso en femenino tampoco es de extrañar. Recuerdo llegar al pabellón como una hora y media antes del partido y ya había muchísima gente fuera esperándonos… inolvidable”. Thania Quintero cree que la victoria también fue muy relevante: “para la semifinal y final nos trasladamos al CID y fue un absoluto éxito, dos llenos absolutos, en la final se quedó mucha gente fuera, aún se me ponen los pelos de punta de recordarlo y de la sensación que tuvimos en la semifinal cuando salimos del vestuario y el CID, 45 minutos antes del partido ya estaba prácticamente lleno. Ese año fue muy especial para nosotras, la gente nos reconocía por las calles, y por supuesto que después de ganar la Ronchetti iba muchísima gente a los partidos de Liga, siguieron apoyándonos, tanto ese año como el siguiente que volvimos a repetir final”.

Sin embargo, el éxito de público no tuvo otras consecuencias positivas para el equipo. Tal y como cuenta Rosi Sánchez: “solo tuvimos un gran apoyo mediático y social, solo se hablaba de nosotras en la isla. Pero por desgracia para el Club, en la parte de ganancias o nuevos patrocinadores no hubo nada de nada nuevo. Triste, ¿verdad? Pues pasó así, ¡¡¡baloncesto femenino en estado puro!!! “.

Sea como fuere, hoy, quince años después de aquella gran victoria, no son pocos los que aún recuerdan aquella tarde en que un grupo de jóvenes canarias y dos norteamericanas se confabularon junto a un experimentado equipo técnico para dar a España su única victoria en la ya desaparecida Copa Liliana Ronchetti tras una larga temporada repleta de emoción, de unión y, sobre todo, de remontadas espectaculares.

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