Marta Bacete: “Sabíamos del potencial de nuestro equipo”

La jugadora madrileña Marta Bacete, perteneciente al Leganés y con apenas 19 años, jugó hace apenas unos días junto a su equipo la Fase de Ascenso a LF2 consiguiendo su ascenso para la temporada que viene. A continuación conoceremos un poco más quien es esta joven jugadora.

Marta Bacete | Foto: Juan Carlos García Mate / Solobasket

¿Cómo empezaste a jugar?
Envidia. Mi hermana mayor jugaba al baloncesto en el colegio, y mi hermana Susana y yo íbamos a verla jugar. Nosotras también queríamos jugar un partido como ella, pero, por la edad, no nos dejaban; así que nos cogíamos un balón y nos íbamos a la canasta de al lado a jugar nuestro partido “independiente”. A los cinco años ya estábamos jugando en el equipo del colegio con niñas mucho mayores, y poco a poco nos fuimos enganchando a este deporte.

¿Qué es lo que te movió a jugar a este deporte y no a otro?
Mi madre. A mí me gustaba jugar al fútbol, pero mi madre no nos dejaba practicarlo porque decía que era muy peligroso puesto que daban muchas patadas. Y el baloncesto porque, como ya he dicho, mi hermana mayor ya jugaba, y porque era el deporte al que era aficionado mi padre. Continuar fue una necesidad, porque enseguida me ilusioné y me vinieron a la cabeza sueños.

¿Cómo te definirías dentro de la pista?
Competitiva. Exigente. Ambiciosa. Reflexiva. Orgullosa. No soy especialista en nada, pero como odio perder, hago todo lo que esté en mi mano para evitarlo. Defender duro, coger un rebote, buscar a una compañera, trabajar en equipo, tirar… No obstante, lo que más me gusta hacer cuando juego es adelantarme a lo que va a ocurrir. Pensar lo que va a hacer el rival y buscar alguna manera de frenarlo o superarlo.

¿Y fuera de ella?
Hiperactiva. Tengo que estar siempre haciendo algo útil. No puedo estar quieta en el sitio sin más, tengo que estar hablando, estudiando, pensando, entrenando… No me gusta sentir que estoy desaprovechando el tiempo.

¿Qué personas te han ayudado más dentro del mundo baloncestístico?
Todas con las que he coincidido. Creo que nadie me ha dado una palabra de desaliento. Cada año, he compartido vestuario con jugadoras de las que podía aprender sólo mirando, y compañeras que, además, se molestaban en corregirme, enseñarme y creer en mí. Y con los entrenadores, algo parecido. Los que más me han ayudado han sido los que me han dado confianza y se han preocupado por hablar conmigo cuando me han visto mal. Cada temporada, he encontrado compañeras o entrenadores, que se han esforzado en que yo tuviese confianza en mí misma. Pero, sin duda, la persona que más me ha ayudado, ha sido mi hermana Susana; porque con ella he compartido todos y cada uno de mis momentos baloncestísticos. Nos hemos apoyado una a la otra pero también hemos discutido. Cada vez que veía a mi hermana jugar, ya fuera un entrenamiento o un partido, me motivaba para competir con ella; y hacer esto cada vez que tocaba un balón, me ha hecho mejor jugadora. Hemos pasado horas y horas hablando y viendo baloncesto juntas. Yo me fijaba en lo que ella hacía mal y se lo decía para que lo mejorase, o en lo que hacía bien para que lo potenciase; y ella conmigo lo mismo. Es como si una fuera la entrenadora de la otra. Además, tomábamos detalles de otros jugadores y los entrenábamos juntas. Asimismo, cuando hemos tenido que tomar una decisión, ha sido juntas.

Si tuvieras que definir al equipo en tres palabras, ¿cuáles serían?
Amistad. Talento. Orgullo.

Al principio de la temporada empezaste en el Real Canoe y más adelante fichaste por el Leganés, ¿te costó adaptarte al equipo y al estilo de juego?
Para nada. Cuando llegué el primer día tenía la sensación de que ya conocía a todas las compañeras de hacía mucho y que ellas a mí también. Fue como si yo hubiera estado allí desde el principio de la temporada. Con el estilo de juego me sentía muy cómoda; también mis entrenadores me dieron mucha confianza y libertad, así que fue todo muy fácil. Además, las jugadas ya las había hecho antes con otros equipos, así que tampoco tuve ningún problema para aprendérmelas.

¿Os veíais con posibilidades para conseguir el ascenso?
Sí. Era el objetivo de la temporada y sabíamos del potencial del equipo. Durante el año se ha estado trabajando para llegar al 20 de mayo y ascender, siendo conscientes en todo momento, de que no sólo el trabajo bien hecho es suficiente, sino que también es necesario quererlo y luchar por ello.

Gracias al triunfo ante Torrelodones lograsteis el ascenso, ¿en qué se puede diferenciar vuestro equipo con el de Torrelodones?
En la pista hay dos equipos: uno, el que quiere ganar, y otro, el que sale a ganar. Nosotros fuimos el segundo. Torrelodones estuvo todo el partido luchando pero cuando lo tenían cerca, parecía como que tenían miedo de lograrlo. Nosotras, en cambio siempre tuvimos claro qué era a lo que íbamos y salimos como locas a por ello, sin dudar en ningún momento de nuestras posibilidades. Por otro lado, Torrelodones ha sido un equipo muy sistemático, que siempre ha tenido claro de dónde tenían que venir los tiros, más dependiente de una jugadora. Mientras que nosotras, éramos un equipo con mucha más libertad y que dependíamos del buen hacer de todo el grupo.

¿Qué sentiste cuando visteis que vuestro equipo subía a LF2 para la temporada que viene?
Fue un momento raro, porque nada más pitar el árbitro el final del partido, sentí “paz interior”: ya está, todo ha merecido la pena. Pero, al ver las caras de mis compañeras, entrenadores y afición que vino a vernos, sentí el cosquilleo en el cuerpo, pues en ese momento me di cuenta de la magnitud de lo que acabábamos de conseguir. A partir de ahí fue todo alegría y felicidad.

Por último, ¿qué le dirías a todas esas personas que día a día siguen el baloncesto femenino?
Que no se esperen ver nada parecido al baloncesto masculino, que eso es otro deporte. El nuestro, a falta de físico, es más una partida de ajedrez, donde las piezas son las jugadoras, y la mano que mueve estas piezas son el corazón y la cabeza de las jugadoras, entrenadores y afición.Y a mí parecer, es un deporte más humano y más cercano. Como no se invierte mucho dinero, es un deporte que la gente que está metido en él lo hace por amor propio.

¡Cuéntaselo a tus amigos!

    Sobre Ana Fernández del Campo