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Natacha Pérez: «Así como nos dolió mucho lo de las camisetas en Lima, nos está doliendo esto»

En época de pandemia, donde absolutamente todo paró, una jugadora nacida en Mendoza (Argentina) viajaba para experimentar su segunda experiencia fuera de su país. Nacha Pérez con sus 29 años partió a Italia para unirse al Civitanova Marche, pero el COVID-19 la obligó a regresar a casa. Una chica que cayó en el básquet de casualidad, antes jugaba al fútbol con sus primos. Pero en una colonia de verano conoció esa pelota que después no soltó. Desde los 10 años que entró en el mundo del básquet, la alero es integrante de la Selección Argentina, con su recorrido en varios campeonatos, medallas, podios, alegrías, derrotas… Jugadora de Berazategui, fue la MVP de la última Liga que conquistó el club ante Quimsa. Muy familiera, sus padres la acompañaron y apoyaron en todo lo que consiguió. A punto de recibirse de nutricionista, charlamos con Nacha de sus comienzos, el estudio y el básquet, la medalla de oro con la Selección, la familia Berazategui, y como está la Selección después del comunicado que publicaron por las redes de la situación en la que están.

Natacha Pérez | Foto: FIBA

Natacha Pérez | Foto: FIBA

Muchas jugadoras empiezan porque vieron a algún familiar jugar, hermanos, padres, tíos… por alguna película, por algún ídolo o porque simplemente se dio. ¿Vos cómo entraste en este mundo de la naranja?

La verdad fue un poco casualidad por así decirlo. Toda mi infancia jugué al fútbol, me crié con tres primos varones y con mi hermana. Ellos siempre jugaban a la pelota y desde chiquita jugué siempre al fútbol, en esa época no había fútbol para chicas.

No sé porque aparecí en el básquet, acompañé a una prima a una colonia de verano y justo ese día hacían básquet. Conocí al entrenador y me invitó a entrenar en el club, así inicié. Tengo un primo y tíos segundos, son un poquito alejados de la familia cercana pero juegan. Mi papá fue arquero toda su vida, mi mamá es profesora… nadie jugó al basquet (risas).

Para que te conozcamos mejor. ¿Cuál fue tu primer club? ¿Qué recuerdos tenés desde que empezaste a jugar?

Ese club donde me habían invitado a entrenar fue mi club desde que empecé en Mendoza, en la capital, mi club se llama Pacífico de Mendoza y ahí arranqué a jugar desde los 10 años y los recuerdos que tengo siempre son con muchas sonrisas. Conocí desde esos años a muchas de las que hoy en día siguen siendo mis amigas. Mi entrenador de esa categoría era divertido, muy didáctico para dar los entrenamientos y la pasábamos muy bien, me encantaba. El básquet era una excusa porque iba a divertirme, saltaba a la soga, hacíamos muchos juegos, campamentos, viajes… siempre fui muy sociable y me gustaba mucho desde ese lado.

Me divertía jugar, creo que esos son los recuerdos más lindos desde que empecé, iba y me la pasaba muy bien. No tenía en mi cabeza competir, ganar… iba a divertirme, a reírme… obvio que uno juega y quiere ganar, pero realmente se trabajaba con alegría, valores y eso es lo que me sigue quedando.

¿Qué o quién te animó a seguir y convertirte en profesional?

Si alguien me animó y acompañó esa fue mi familia, sobre todo mis papás y mi hermana, siempre me apoyaron muchísimo. En el club que jugué hasta los 17 y de ahí irme a Buenos Aires, fue muy difícil alejarme de ellos desde muy chica, imagino que para mis papás fue más difícil. Acompañarme en algo así que implica tener a una hija a mil kilómetros, realmente lo valoro muchísimo hasta el día de hoy, ellos siempre me acompañaron, siempre estuvieron conmigo, desde que empecé con esos 10 años a jugar en Pacífico, estaban en todos los entrenamientos, en todos los partidos, viajes… Mi mamá era la preparadora física del equipo, mi papá pasó de estar en la tribuna a terminar haciendo la mesa de control, las planillas… Fuimos parte de ese club, era como nuestra segunda casa. Llevamos a lavar las camisetas a casa y la verdad que siempre se vio como una familia.

Hasta que me tocó irme a Buenos Aires, fue una decisión difícil, pero con la familia se hizo todo mucho más fácil. Mi papá me dijo «¿Querés ir? ¿Tenés ganas? Listo, nosotros te bancamos, estamos con vos» obviamente tuvieron que llorar muchísimo (risas), sé lo difícil que fue, pero bueno, siempre estuvieron y siguen estando al lado mío en todo.

Van a todos los torneos que juego, cuando estoy en Buenos Aires vienen desde Mendoza, fueron al Mundial de Tenerife, al Panamericano de Lima, a una Liga Sudamericana en Ecuador, en Argentina se recorrieron todo. Para mí es lo más lindo que puedo sentir, jugar y saber que están ahí, en la tribuna, me siento como si estuviera en Pacífico y tengo otra vez 10 años. Mi familia me acompañó en todo esto que fueron mis inicios, en etapas chiquitas, fui ganando objetivos de a poquito, y hoy en día siguen, sin su apoyo y su compañía no hubiera sido posible hacer todo lo que estoy haciendo ahora.

Muchas jugadoras siguen con el estudio, se reciben y a la par juegan al básquet. ¿Cómo te organizas?

Casi estoy recibida en licenciada en nutrición, solo me queda preparar la tesis ahora en un mes. Ya terminé con todo, tengo todo aprobado, hice las prácticas en el hospital… Realmente no fue fácil organizarse, implica mucho esfuerzo, voluntad, predisposición, sobre todo organización. Más si uno vive solo tiene que hacer todo, quizás uno cuando vive con sus papás es más fácil, mamá te hace de comer, quizás no vas al supermercado… Pero si uno vive solo y tiene que lavarse la ropa, hacer la comida, lavar platos, comprar…

Tuve momentos difíciles, épocas de universidad que se hacían muy duras y la verdad que tuve dos compañeras (Laura y Vale) excelentes que me acompañaron, estuvieron conmigo y cuando uno está débil están esas personas al lado que realmente se volvieron mi familia, estar lejos de casa, estudiando, jugando a la vez, la Selección, uno duerme poco y está estresado, lloras porque querés que se termine, querés descansar… Tuve momentos como todos, de sentir que no podía más, nunca pensé en dejarlo, siempre dije que me iba a recibir, pero mi prioridad siempre fue el básquet todo este tiempo, pero no aparté hacia ningún lado los estudios, me organicé como podía, en eso sí tengo voluntad, pasaba noches que quizás no dormía y estudiaba, me iba a rendir así, después a entrenar con la Selección viajaba dos horas, tren, subte, tren… cruzando medio Buenos Aires, almorzando (lo que me había preparado la noche anterior) en el último tren volvía dormida.

Me apasiona mucho el básquet, soy feliz jugando, lo amo y obviamente que quiero tener esta herramienta para el día de mañana que es la nutrición y me encantaría poder vincularla con el deporte, me parece muy interesante e importante. Se hizo muy difícil y por momentos parecía casi imposible, pero pude y creo que la palabra clave es la organización. Cuando uno quiere, siempre lo puede hacer.

Entrando más en lo deportivo, hablemos un poco de la Selección, en 2018 fueron Campeonas Sudamericanas, después de 70 años y se colgaron el oro ganando de uno a Brasil. ¿Cómo vivieron ese campeonato?

El oro del Sudamericano fue muy fuerte, se vivió con mucha intensidad, sobre todo lo que implicaba. Volver a salir campeón después de 70 años, que Argentina se pusiera la de oro era muy importante para nosotras, pero era algo que tenía mucha confianza de que nuestra camada podía lograr, fue la misma que la de Tailandia 2009 y se trajo una medalla de bronce haciendo historia. Creo que es un grupo y equipo que obviamente fue mutando con el tiempo y sumando jugadoras más jóvenes, pero la esencia es la misma, es un grupo que no conoce de imposibles, lo puedo decir y estoy segura porque me ha dado increíbles y tremendas alegrías y la verdad que ese Sudamericano fue una más de tantas risas que he disfrutado con la celeste y blanca.

Era muy difícil ya desde antemano, Brasil estaba con su equipo completo y era una final que todos queríamos jugar, nosotros tenemos mucha rivalidad con Brasil y siempre se disfruta el triple el ganar y se sufre el triple el perder, le da un plus especial a esos clásicos. Fue una final tremenda, fuimos perdiendo todo el partido, faltando un minuto le dimos vuelta y lo ganamos sobre el final con un tiro libre que fue soñado, muchas de las personas que estaban en el estadio no estaban a favor nuestro, el partido anterior habíamos ganado a Colombia y jugamos en Colombia.

Fue muy lindo, una alegría enorme, subir al podio cantar el himno, emocionarnos…

Con Berazategui te coronaste campeona de la Liga en la final contra Quimsa. ¿Cómo se preparó esa final?

El año pasado conseguimos la Liga Apertura, y a fin de año salimos campeonas del torneo Metropolitano de Buenos Aires, fue un año increíble con el club, fue mi primer año con ellos, me recibieron de la forma más linda, un club excelente con una familia que empuja desde todos lados, hay una mística y un sentido de pertenencia admirable. Que vos entres al club y que sientas que vos jugaste siempre, ahí entonces creo que eso se trasmite, las personas que trabajan afuera, dirigentes, padres, entrenadores y todo el que hace al club creo que hace que vos te sientas así.

Esa final realmente creo que si le preguntabas a 10, 15 te decíamos que íbamos a perder, Quimsa era un rival muy duro, con muchas extranjeras, mucha calidad en cada posición, en cada jugadora, equipo candidato. Y nosotras que parecíamos que no teníamos pívot, era un equipo armado hacía poco, una reestructuración grande que había hecho Berazategui desde el 2018 donde su entrenador Juan Ferreira volvió a España y que la mitad de las jugadoras se fueron a otros clubes… fue como empezar desde cero. Nuevo cuerpo técnico, nuevas jugadoras… en poquitos meses logramos muchísimo, encontrarnos como equipo.

Poder conseguir algo así, ver ese partido, ver la pasión y el deseo de ganar y salir campeonas eso superó a todo lo que parecía imposible antes de jugarlo y la verdad que fue hermoso.

Una Liga muy fuerte, durante todos los partidos crecimos muchísimos y terminarlo así, lo merecíamos. Antes de nuestro partido salieron campeonas las chicas de la Liga de Desarrollo, fue un logro totalmente en equipo que hicimos las dos categorías, se vivió con mucha felicidad y satisfacción.

Natacha Pérez, mejor jugadora | Foto: PG Gráfica

Natacha Pérez, MVP de la final | Foto: PG Gráfica

Fuiste la MVP, anotaste 19 puntos, partidazo te mandaste. ¿Cómo te sentiste?

Lo dije ese día y lo voy a seguir repitiendo, fuimos siempre un equipo, tuve la suerte de estar ahí recibiendo ese premio, pero en todos los partidos tuvimos una jugadora diferente que se destacó, creo que eso habla de un verdadero equipo. Defensivamente estamos dispuestas a todo, por nuestra compañera, nuestro aro, de hacernos un bloque, un muro y que nadie pase, y delante buscábamos a la mejor que estaba ese día.

Tuve la suerte que ese día me tocó a mí, pero la verdad fue un trabajo en equipo, personalmente fue emocionante, estaban mis papás en la tribuna, fue muy hermoso compartirlo con ellos, sentirlos cerca.

Son por ahí cariños que uno recibe, después de tanto esfuerzo, tantas cosas que uno deja de lado, tanto que se propone, lucha… tantas veces que sale mal y tan poquitas que sale bien, pero cuando sale bien se disfruta mucho. Me hicieron muy feliz. Todo lo que sentí en el equipo, que parte de ese premio es de todas nosotras, al equipo sin duda que sin ese cuerpo técnico, entrenador y compañeras no lo hubiera podido conseguir.

Fue doblete para el club, ganando la Liga de Desarrollo y ustedes la Liga. Gran año para Berazategui. ¿Qué nos podés contar del club?

Nosotras entrenamos juntas, tenemos una relación muy linda entre las jugadoras grandes como yo, que tengo 29 hasta las de 17 años. Compartimos muchísimos, obviamente que una tiene más amistad con otra, pero tenemos un grupo hermoso que la pasamos bien, entre todas compartimos, no hay diferencias, no ves entrenar y parece que todas tenemos la misma edad, creo que eso se demostró en esas dos Ligas, nos acompañamos en todo momento, cuando las chicas salieron campeonas, nos metimos a la cancha a saltar con ellas porque era parte de nosotras también y lo mismo pasó con nosotras cuando ganamos.

Creo que eso es lo mejor que podemos tener, se coronó con un doblete pero más allá de eso, el trabajo que se hace día a día, la dedicación, el amor que ponen todos en el club… Una familia que transmite mucho y eso se traslada a la cancha, es inevitable, uno entra y siente como toda esa gente desea que todo salga bien, como disfrutan y sufren a la par y la verdad es que se manifiesta de la misma forma, esa es la mística que tiene Berazategui.

Y en la actualidad. Te fuiste a jugar a Europa, en concreto a Italia, al Civitanova Marche, antes de que empezara el COVID-19. ¿Cómo te viste en la Liga Italiana? ¿Cómo fue la adaptación a la Serie A2?

Por suerte, siempre hubo la posibilidad y oportunidad de ir a jugar fuera, siempre lo postergué por mis estudios, quería terminar la universidad y obtener mi título. Y ahí poder estar tranquila con el básquet, hace mucho tiempo que lo venía postergando, universidad, tiempo y tantas cosas… siempre lo patié un poco más.

Este año lo pude hacer, lo pude concretar, terminé el año pasado las prácticas en el hospital en diciembre y me fui a jugar media temporada a Italia, tuve que volver por el virus, pero fue excelente, mis compañeras, cuerpo técnico y dirigentes me recibieron de la forma más cálida y generosa que podía haber pensado. Ellas hacía media temporada que venían jugado juntas y me trataron como una más, como que me conocían de siempre y la verdad que eso me hizo sentir como en casa.

Fue un poco difícil al principio porque nunca estudié italiano ni nada, tengo una base de inglés que tampoco lo hablo tan fluido pero dentro de todo entiendo, italiano nunca nada, se parece mucho a nuestro idioma, eso lo hizo más fácil, me tuvieron mucha paciencia.

Me tocó caer en un equipo excelente, con mucha garra, joven, todas eran jovencitas de 22 años para abajo, estaba esa juventud, se notaba en el juego, quizá a la hora de tomar decisiones por ahí sentí que se apoyaron bastante en mí porque me veían como la vieja (risas). No me generó presión, yo quiero ayudar, a sumar desde mi lugar, me sentí muy bien. Solo jugué cuatro partidos pero lo hicimos bien en equipo, me sentí cómoda, me gustó la experiencia, y ahora quiero volver a irme para la próxima temporada, no sé si a Italia o a España pero mis ganas son de volver a vivir la experiencia bien y no tener que volver por ningún virus.

Estuviste en el «primer» país que atacó muy fuerte el virus. ¿Cómo viviste todos esos días antes de volver a la Argentina?

Ahora lo pienso y digo «wow, estuve en Italia donde todo detonó en Europa» que puntería la mía (risas). Lo venía viviendo tranquila, se subestimó bastante el tema cuando empezó a crecer el número de contagios, creo que las personas no pensaban que estaban viviendo una posible pandemia.

Nosotras empezamos con un partido suspendido, después otro, fecha libre… hasta que un momento se cerró la cancha, gimnasio, y nos pusieron en cuarentena a todo el país, tuve miedo de no poder volver, llamé a mi representante llorando (risas) «por favor sácame un pasaje que no voy a poder volver». Tenía miedo de quedarme ahí, no miedo del virus, pero no sé, si pasa algo de esa dimensión queremos estas con nuestras familias. Si me pasa, me pasa en Italia o acá, pero quería realmente estar cerca de ellos, sobre todo mi mamá estaba muy preocupada y quería tenerme cerca también. Ese día, cuando dijeron que declaraban la cuarentena en el país sí me puse nerviosa, solo porque tenía miedo en no poder volver, pero mi representante es excelente y me solucionó todo y en dos días me sacó un pasaje. El club super dispuesto a ayudarme, me trajeron barbijos, alcohol y guantes, todo para viajar, en ningún momento me cuestionaron por qué me iba, al contrario, hicieron todo lo posible, me sacaron el pasaje para ir de Civitanova a Roma, me acompañaron, me dejaron en la puerta del colectivo y todo el tiempo me escribían si todo iba bien. No tengo más que palabras de agradecimiento con ese hermoso club, grandes personas que se pusieron en mi camino en ese momento tan difícil, se alivianara muchísimo esa situación y me sintiera acompañada por ellos.

Hace unos días Las Gigantes dieron un golpe sobre la mesa, y dijeron «basta», hablaron de la situación en la que están. Sin proyectos, becas, sueldos, cuerpo técnico, entrenos… Preocupadas por el futuro de la Selección, y también, de la Liga Femenina… Pasaron unos días, mucho apoyo en redes, pero… ¿Alguna respuesta por parte de alguien?

No recibimos directamente ninguna respuesta, nosotras esperamos un contacto directo, sabemos que están respondiendo, quizás en algunos medios de comunicación o dirigiéndose a nosotras desde ese lugar, pero seguimos a la espera. Es una situación muy difícil y dura la que estamos viviendo, siento que estamos desamparadas desde que empezó la gestión el 19 de diciembre, no presentaron ningún proyecto del básquet femenino, no tuvo cuerpo técnico, ni lista de jugadoras, por consecuencias, tampoco beca. El punto no es la beca económica, lo que nosotras planteamos, sino todo lo demás. Muchas cosas que venimos hace años, no es puntual con esta dirigencia, sino con lo que pasa históricamente en el básquet, pasamos por muchas situaciones difíciles donde las condiciones quizás no están mal, pero no son las que tendrían que ser y deberían ser mejores.

Hay muchos puntos que necesitamos mejorar porque nuestro básquet no es profesional en Argentina, mejorar nuestra competencia, hoy en día nuestra liga está suspendida, cuando somos 7 equipos, y podría realizarse más cerca de fin de año, vemos que no hay ningún tipo de intención y sí en terminar la liga masculina, son 8 equipos, los que definirían ese Super8. Nos duele mucho sentir esa diferencia, queremos que esto mejore, no queríamos hacerlo público, tratamos de hacer siempre las cosas y nuestros temas con charlas y reuniones. Realmente estamos en un momento difícil, las Gigantes, queremos simplemente mejorar nuestro básquet, que podamos dar un salto, podamos crecer, que se haga profesional, que contemos todas con un contrato, con un apoyo, con un seguro, queremos muchas cosas que creo y estoy segura que merecemos. Que el básquet femenino se lo merece, no solo por la Selección, nosotras hace años venimos dando muchas sonrisas y así como nos dolió mucho lo de las camisetas en Lima el año pasado, nos está doliendo esto. Queremos mejorar, crecer y que sea lo mejor para las que vienen y las que juegan al básquet, no solo en la Selección sino en todo el país.

Es complicada la situación en general, hay mucho por arreglar, ¿cuál debe ser, para vos, una de las primeras cosas?

Un poco de todo. Una cosa es la Selección y todo lo que estamos hablando de ese lado, y otra cosa que nos afecta a todas, es la competencia que necesita mejorar, de acercar de una vez a lo que fue el crecimiento de la liga masculina, necesitamos ir por ese camino, pero necesitamos de todos, de la asociación que organiza la Liga, los clubes, necesitamos del masculino, los clubes profesionales masculinos.

El básquet femenino necesita más lugar, espacios, que en la semana no sean tres días que entrena los varones y dos las mujeres, más tiempo. Facilitar más cosas para que la mujer se pueda dedicar al básquet. Hoy en día nuestra realidad no es esa, la jugadora no puede pensar en ser una jugadora profesional de básquet, hay que pensar en estudiar, trabajar, muchas tienen familia, son madres y es muy difícil mantenerse cuando hay muchos puntos que por ahí están priorizando del deporte, pasan en todas las disciplinas lamentablemente, pero muchas han tenido un crecimiento desde la mujer el género, como el fútbol, el voley que está en proceso… Para nosotras es un ejemplo y queremos también ir por ese lado de lucha e igualdad.

Mejorando la Selección si hay tantos puntos y condiciones que no deberían ser en la Selección Nacional Argentina imagínate en el resto del país. Creo que es una catarata de cosas que va cayendo sobre todas y que se necesita mejorar para que de a poquito ir encaminando nuestro básquet. Esto no va a ser de un día para el otro pero estamos con mucha fe y ganas, siendo positivas de que entre todas vamos a hacerlo mejor.

Para terminar con un mejor sabor de boca Nacha, ¿un sueño que tengas?

La verdad que no sé… mi cuenta pendiente sigue siendo jugar una Olimpiadas, no sé si es un sueño, pero tengo muchas ganas de poder jugarlas. Creo que es lo pendiente porque el resto lo viví y lo disfruté a pleno. Tengo muchas ganas de que se concrete, me encantaría poder experimentar eso.

Soy feliz jugando al básquet, soy feliz en compartirlo con mi familia, sufro mucho cuando los tengo lejos. Siempre pienso en la felicidad y disfrutar. Creo que cuando uno no la está pasando bien, se tiene que ir de ese lugar y eso nunca me pasó. Siempre disfruté donde me tocó, en los planteles que fui parte, no pasa ni por los minutos de juego, ni por ganar más veces o menos veces, pasa por otro lado. Ese amor que siento por el deporte y el básquet que conocí desde tan chiquita, no sabía que me estaba enamorando del deporte, esa pelota me hizo crecer y formar, sin dudas hoy en día soy la persona que soy no solo por la crianza y los valores que me enseñaron mis papás sino por lo que me dio y enseñó el básquet. Conocí hermosas personas, grandes amigas y sigo conociendo, el básquet me sigue poniendo personas valiosas, eso es lo más grande que tiene, más allá de una medalla o de subirse a un podio, lo que nos va a quedar siempre son los seres que nos va dejando.

Sueño con seguir siendo feliz y seguir disfrutando de jugar.

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