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Phil Jackson habla con Zona 2-3

Jesús Morales 31 diciembre, 2011 Entrevistas 1 comentario
Phil Jackson da instrucciones

Ganador de un anillo de campeón con los New York Knicks en su etapa de jugador, de seis campeonatos con los Chicago Bulls y de cuatro con Los Angeles Lakers, y actual entrenador de la franquicia angelina, Phil Jackson es el entrenador más laureado de la historia del baloncesto estadounidense. Famoso como Maestro Zen debido a su conocimiento y su puesta en práctica de la filosofía oriental en el deporte de la canasta, Phil Jackson fue la cabeza pensante de los Bulls de Jordan y de los Lakers de Shaquille y Kobe, y recientemente alcanzó su décimo anillo de campeón superando a Red Auerbach y confirmándose como el entrenador con más títulos de la historia.

¿Cómo fue su llegada al baloncesto profesional como jugador?Yo fui escogido por dos equipos de dos ligas diferentes: la NBA y la ABA. La ABA era una liga que estaba empezando e intentaba retar a la NBA, que en aquel entonces era una liga de 10 equipos. La NBA aumentó a 12 los equipos en aquel año e intentó truncar la evolución de esta nueva liga. Fui escogido en el número 15, pero de la segunda ronda. La elección de primera ronda de los Knicks fue Walt Frazier. Nosotros fuimos los rookies de la temporada 67-68 junto a Bill Bradley, que se unió al equipo a mediados de temporada. Walt y yo fuimos escogidos en el All-Rookie Team. El novato del año fue Earl Monroe, quien además se convertiría en nuestro compañero tres años después.

Es de una pequeña localidad de Montana. ¿Cómo llevó el cambio de su pequeño pueblo a Nueva York?

La ciudad de Nueva York era extremadamente diferente al área rural donde vivía. No obstante, no fue un problema, ya que me encantó explorar y conocer una de las ciudades más grandes del mundo.

En la temporada 1969-70 sufrió una grave lesión que le impidió formar parte del equipo que ganó el anillo en el 70. ¿Qué sintió y cómo fue la recuperación?

Me lesioné sobre la mitad de mi segunda temporada. Esta lesión me debilitó bastante. Me hernié dos discos lumbares de mi espalda. Los Knicks acababan de traspasar dos jugadores por uno -Dave DeBusscere- en diciembre y sólo había once jugadores en la plantilla. Una semana después el mejor de los secundarios, Cazzie Russell, se rompió la pierna y se unió a mí en el hospital. Los Knicks sólo tenían a nueve jugadores, así que tenía presión para recuperarme y volver. Sin embargo, mi lesión no fue tan grave como pensaron. Esto fue lo que hizo que los Knicks ganaran el campeonato ya que los jugadores tuvieron que jugar más minutos y encontrar una buena química entre ellos para ganar. El siguiente año Russell volvió de entre los lesionados con otro jugador, Dave Stallworth, y nuestro equipo empezó liderando desde el principio hasta el final. Tuve una fusión vertebral después del final de la temporada 68/69. Estaba en un aparato que debía estar caliente veintitrés horas y media al día durante seis meses. Me dieron luz verde para comenzar con los entrenamientos en diciembre de ese año del campeonato. En febrero tomaron la decisión de terminar la temporada conmigo en la lista de jugadores inactivos. Fue duro para mí, pero me hizo un jugador más duro. Durante ese verano la liga se amplió a tres equipos más para combatir el poder de la ABA y yo evité el Draft de expansión, lo que me permitió seguir en los Knicks. Durante este período de inactividad, el entrenador Red Holzman me animó y me hizo sus ojos. Esto me dio confianza para poder entrenar a un equipo algún día. En este tiempo, aunque fue una época difícil, fue cuando el puzle comenzó a resolverse para mí.

Phil Jackson es sinónimo de Maestro Zen, un apodo que se utiliza bastante cuando se habla de su figura. Es un increíble conocedor de esta filosofía oriental, ¿pero cómo llega el Zen a la vida de Phil Jackson?

Tuve una familia religiosa. Mis padres eran ministros de la iglesia. Nuestras vidas giraban alrededor de la iglesia y de las funciones de servicio que teníamos que realizar para la congregación. Fue desde ese fondo de escenario desde el que fui a la universidad y acabé graduándome en psicología, filosofía y religión. Tenía una mente abierta, un regalo de mi madre. En mis estudios hubo filosofía de Oriente y aprendí sobre hindúes, budistas y sikhs. Nosotros intentamos practicar la meditación en nuestras clases. Vi similitudes con los deseos y la meditación de Jesucristo. Me intrigó.

Si alguien le comenta que quiere iniciarse en el Zen, o conocer algo más sobre esa ancestral filosofía, ¿qué recomendaciones le daría?

Si uno quiere hacerse una idea de qué es el Zen a través de un libro, debe leer “Zen Mind Beginner Mind” de Shunru Suzuki. Es un buenísimo libro que da pequeñas ideas sobre la práctica del budismo. Si uno quiere aprender cómo meditar que no lo lea. Aprende a sentarte.

Después de tanto tiempo, ¿cómo valora su carrera como jugador? ¿En qué influyó a la hora de hacerse entrenador?

Mi carrera fue bastante exitosa a pesar de no haber llegado a jugar un All-Star. Es lo que haces con tu talento que te es dado lo realmente importante. La única cosa de la que estoy feliz es que pude jugar en muchos equipos ganadores. Creo que eso me convirtió en entrenador. Competir es lo que nos mide. Competimos por grandes apuestas y se nos mide por nuestro éxito. Por fortuna, he tenido varios jugadores que se han comprometido como yo para ganar.

En sus comienzos como entrenador llega a la liga de Puerto Rico, de la cual siempre ha hablado bastante. ¿Qué le lleva hasta allí?

Puerto Rico tiene una liga con unos setenta y cinco años de antigüedad. Ellos aman el baloncesto allí y sus chicos compiten muy bien. Algunos de sus jugadores han competido profesionalmente en España. Mi entrenador en los Knicks, Red Holzman, entrenó exitosamente en esa liga y me recomendó aceptar cualquier puesto de entrenador en esa liga si se me ofrecía la oportunidad. Así fue, y fui a Puerto Rico. Fue un buen movimiento para mí y aprendí muchas cosas sobre conseguir que los jugadores jugasen juntos, en equipo.

Estuvo vetado, prácticamente, durante muchos años mientras intentaba acceder a la NBA debido a su simpatía por la llamada contracultura. Sin embargo, los Chicago Bulls apuestan por usted. ¿Por qué?

Chicago tenía un general manager que me conoció personalmente cuando estaba en la universidad. Nosotros nos mantuvimos en contacto a través de los años cuando él era un ojeador y yo un jugador. Cuando él consiguió un puesto en los Bulls él me mantuvo en su mente. Esta persona, Jerry Krause, fue realmente exitosa tanto en béisbol como en baloncesto gracias a su capacidad de reconocer el talento la primera vez que lo veía… o lo conocía.

En los Bulls comienza su leyenda como entrenador, y quizás Tex Winter deba ser un nombre que forzosamente deba salir para entender las cosas. ¿Cómo le conoce y cómo llega al llamado triángulo ofensivo?

Cuando estaba en el equipo técnico de los Chicago Bulls, como entrenador asistente, uno de los miembros del equipo era Tex Winter. Él era muy leal al baloncesto y cómo se jugaba. En los dos años que estuve como entrenador asistente, Tex y yo nos convertimos en buenos amigos. Nosotros entrenamos a los jugadores jóvenes fuera de temporada y les enseñamos los conceptos del triángulo ofensivo. Yo reconocí esta táctica ofensiva porque me era familiar. Me recordó que mi entrenador en la universidad, Bill Fitch, había utilizado este sistema ofensivo en mi año de senior. Fue perfecto.

Jordan junto a Phil Jackson | NBA.com

Logró seis anillos como entrenador de unos Bulls que quedarán en la historia como uno de los mejores equipos del baloncesto profesional, con uno de los mejores jugadores, Michael Jordan. El genial escolta de Carolina del Norte protagonizó una de las jugadas más recordadas por los aficionados al baloncesto: robo a Karl Malone y canasta tras deshacerse de Byron Russell en el sexto partido de las finales de 1998 en Utah. ¿Cómo fueron esos momentos?

En nuestro último partido juntos en las finales de 1998 yo pedí un tiempo muerto cuando faltaban cuarenta segundos para el final. Teníamos el balón para sacar de medio campo, y quería organizar las dos últimas posesiones. Teníamos una jugada especial para mantener a John Stockton alejado de canasta y darle a Michael un espacio abierto en la zona. Les dije que hicieran esa jugada ambas veces, pero después de anotar la primera vez no esperábamos que Jerry Sloan no pidiese tiempo muerto. Ni que los Jazz realizaran un ataque de necesidad en la que Karl Malone dispusiese de un hueco en la pintura tras la colaboración de Hornacek. Le dije a MJ que podía intervenir en esa jugada si medía bien los tiempos. Todo salió perfecto y él robó la pelota y anotó la canasta tras el drible.

¿Cuál fue la clave del éxito cosechado en Chicago año tras año?

Nosotros teníamos un buenísimo grupo de jugadores en Chicago. Ellos eran muy diversos y aún así estaban unidos. Hoy en día, la mayor parte de ellos son padres y han madurado a través de los años. Fue el “Último baile”.

En febrero de 2008 se confirma el traspaso de Lakers que implica la llegada de Pau Gasol. ¿Conocía algo sobre este traspaso, era una petición propia?

Los directivos de los Lakers habían estado hablando sobre conseguir a Pau durante casi un año. Yo era escéptico sobre la habilidad de Pau para rebotear y su defensa en el poste debido a su figura delgada, pero era un admirador de su habilidad para anotar y pasar el balón. Él me ha hecho un creyente en su deseo de ganar y competir con jugadores más fuertes en el poste.

Pau Gasol y Phil Jackson

La pasada temporada hizo historia al convertirse en el entrenador con más anillos de campeón de la historia, logrando el décimo en la victoria de Lakers sobre Magic por 4-1 en las Finales, y superando así a Red Auerbach. ¿Qué siente con respecto a esto?

Estoy orgulloso de haber ganado otro anillo con los Lakers. Nosotros nos habíamos quedado cortos en nuestras dos últimas finales. Fue exasperante. Red Auerbach fue un gran entrenador e incluso una mejor persona. Sus nueve títulos ha sido una marca que yo nunca pensé que llegaría a igualar cuando comencé a entrenar, o después de irme de Chicago y llegar a LA. Sin embargo, ha pasado y no podría estar más feliz de haber dado en el clavo para conseguirlo.

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