Podría haber sido un día difícil para él. Pese a su buena temporada, la exhibición de McCalebb de hace una semana había puesto en el disparadero la capacidad de Sergio Rodríguez –y, más ampliamente, de los dos bases- para dirigir con garantías a un equipo aspirante para ganar la Euroliga. Lo que pasa es que ante ese McCalebb pocos bases en el mundo podían haberle hecho sombra. Y decimos que podía haber sido difícil porque enfrente tenía a una de las mejores parejas de bases de la liga española; uno de ellos, para más inquietud, era el siempre añorado por la afición blanca Raúl López. Los críticos de Sergio Rodríguez –que siempre los habrá, juegue como juegue- seguirán achacándole defectos y obviando sus incontrovertibles virtudes. Olvidándonos de opiniones y confrontaciones, lo único cierto es lo siguiente: 20 puntos, 3/3 en tiros de dos, 3/3 en triples, 5/6 en tiros libres, 7 asistencias, 24 de valoración. Números fríos que dan la medida más que aproximada de lo que fue un partido y una actuación. Hoy Sergio Rodríguez marcó la senda de la victoria en un partido importante y, lo que es más, anticipó lo que debe ser el Real Madrid si quiere llegar a algo. Y ese algo son los títulos.
Sólo fue un mal día. En realidad, no hay razones para poner en solfa tan pronto el proyecto. Lo del Montepaschi fue un mal día. Sí es verdad que el descalabro avisó de lo que hay que mejorar para llegar a ese algo, a esos títulos, pero si se analiza un poco fríamente la situación se llega a la conclusión de que el Madrid se ha recuperado bien del golpe (dos victorias contundentes ante rivales difíciles) y no ha variado su estilo. Es ahí donde Laso debe hacer hincapié, en no perder lo conseguido hasta ahora, mucho o poco, pero propio y bien ganado. El Madrid corrió, por momentos corrió mucho, y la mayoría de las veces corrió bien. Fue ahí donde Sergio Rodríguez se encontró en su ecosistema propicio para asistir, anotar y hacer brotar la ilusión en la grada. Fue ahí, en el galope, donde el Bilbao Basket se desangró. Lo tuvo cerca (69-65, minuto 34), después de haberlo tenido muy lejos (69-53, minuto 30) durante todo el partido. Siempre mandó el Madrid, excepto en ese tramo de cuatro minutos (0-12 de parcial) en que afloraron los viejos y negros fantasmas; el Bilbao se había llevado los últimos cuatro duelos ante los blancos, y amenazaron con una quinta. Pero no les llegó.
No es raro que tanto en la vida como en el baloncesto todo el trabajo se desmorone en lo que dura un chispazo. Así le pasó al Bilbao, que después de verlo tan cerca, no tuvo tiempo ni para creerse candidato a ganar el partido. Eléctrico parcial de 9-0 (78-65, minuto 35), y se acabó. Sergio, gustándose, amplió la renta hasta la máxima (86-68, minuto 38), a base de puntos, asistencias y sonrisas. Porque Sergio cuando sonríe es cuando juega bien. No sabe hacerlo de otra forma.
El Bilbao Basket pareció por momentos difuminado. En la primera parte, simplemente estuvo desaparecido en defensa. Si la premisa era que el Madrid no corriera, lo consiguió a medias, pero el Madrid anotó muy fluidamente en estático, haciendo daño por dentro con Tomic (15 puntos) y Begic (12 puntos en un extraordinario segundo cuarto, 5/5 en tiros de 2 y 17 de valoración al descanso). Cuestión de fondo de armario y de centímetros. En el Bilbao, sólo Mumbrú (17 puntos) y Banic (18), unidos a unos cuantos ramalazos de Vasileiadis (13), ofrecieron una resistencia estimable. Con Jackson desaparecido, Fischer y Mavroeidis blandísimos, los hombres de negro sólo pudieron agarrarse a la épica y calidad de dos de sus jugadores de más carácter. Y con eso les valió para dar un susto al Palacio.
Sí, parece que para el Madrid lo del Montepaschi sólo fue un mal día. No hay muchas razones para abominar de las señas de identidad de un equipo que sigue divirtiendo, y que cuando suelta la espoleta en ataque es temible. Hoy al descanso llevaba anotados 50 puntos (50-36) después de dos cuartos modélicos en cuanto a producción y fluidez ofensiva: sin colapsos, con las ideas claras y sencillas y siempre con un punto de rebeldía. Ante eso el Bilbao –que se pareció poco al que asaltó meses atrás el proyecto Messina-Molin- poco pudo hacer. Le faltó blindaje atrás y convicción cuando lo tuvo cerca, y le faltó justo lo que tuvo el Madrid: un base que impusiera su tempo. Eso, el tempo, el sabor, el color, el olor y la textura del partido, todo eso junto, tuvo esta noche un nombre propio: Sergio Rodríguez.
FICHA TÉCNICA:
Real Madrid 89: Rodríguez (20), Carroll (11), Singler (10), Mirotic (5), Tomic (15) -cinco inicial-, Sanz (-), Pocius (4), Reyes (2), Velickovic (-), Begic (12 y Llull (8).
Gescrap Bizkaia 73: Jackson (2), Grimau (2), Mumbrú (17), Banic (18), Fischer (6) -cinco inicial-, Fisher (-), Hampl (-), Mavroeidis (8), Hervelle (2), López (5) y Vasileiadis (13).
Parciales: 26-16, 24-20, 19-19 y 20-18.
Árbitros: Sasa (SLO), Jovcic (SRB) y Lottermoser (GER).
Incidencias: Partido correspondiente a la tercera jornada del grupo F del Top-16 de la Euroliga disputado en el Palacio de los Deportes ante 8.000 espectadores.


